Muero presa de la masificación y del bienestar que no merezco, que tengo impuesto y gracias al sufrimiento de quien me ama. Soy una bestia del descanso, vivo la paz más profunda que nunca conoció el planeta: una esfera resquebrajada por las guerras y vuelta a embellecer, repleta de lujos, por quien me ama y por quien me precedió. No sé ver y apenas puedo sentir con empatía pues tengo un ego alimentado, alto en una atalaya regalada, encerrado en una urna de cristal de princesa. Lo tengo todo, también lo que le falta a alguien, tengo lo más nuevo. Se me cae de las manos porque me rebosan, se me escapa de las manos. No lo puedo soportar. Puedo pedirlo y se me concederá pronto, es fácil; cuando es difícil, hay otros muchos caminos más donde elegir. Lo poseo, lo manipulo, lo gusto, pero nunca podré enaltecerlo, hacerlo precioso, mejorarlo o tornarlo potente. Lo quiero, lo alcanzo, pero no lo merezco.
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