Es triste cuando las palabras que eran simples se vuelven incomprensibles, y no sé si eran simples o si las veía simples pero no lo eran. Es triste no moverse porque no existe referencia, ni meta, ni futuro, es triste, como no creer en ninguna sentencia, que ningún apoyo sirva, que nada sea algo. Es triste querer decir y no poder, sobre todo por no poder: dice quien puede decir. Más triste es que juzguen mi silencio como perturbador, como enemigo, cuando no es por nadie, sino por no saber qué decir. Triste es no saber qué decir, y darle la razón al enemigo o verlo vencerte y que su victoria coincida cuando mi debilidad aflora. Es triste poseer tan sólo un euro y gastarlo en un boleto de lotería que no toca; es triste poseer sólo una baza y no tener más balas en la recámara o escondidas bajo las mangas. Es triste preguntarse por qué y no saber la respuesta, como no saber ni empezar o poder empezar sin saber cómo acabar…
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