Al golpe de barra

aprendí mi nombre

extraño, estando

en el filo de la vista

de los otros.

Lo que soy

es más rápido

que lo que pienso que soy:

antes de pensar

ya he sido.

Y me encanta ser…

 

(Dedicado a quien buscó y no encontró.

Porque hay que volver a buscar)

Como figura de identificación

Como referencia de subversión

Como ideal de revolución.

Una transferencia de mí

Para ser lo que no puedo ser;

Pero él transfiere su persona

A las letras

Y no es lo que quiere ser.

Así es que soy como las palabras:

Un espíritu libre y errante,

Sin suelo, de nadie,

Sin definición, sin márgenes,

Una dispersión.

Un alma dentro de otra

Dentro de un cuerpo

Con la boca abierta

Por la que salen,

Sin prisión, sin centro,

Perdidas, sin punto fijo,

Sin rumbo cierto.

Tengo miedo
porque salgo a buscarte
y te encuentro;
Es más que imaginar:
es el nervio
de la realidad.
Tengo miedo
si descubres
todo lo que te digo
en silencio,
y no hay remedio
para callar
ni silencio
aún habiéndolo.
Tengo miedo
de encontrarme
abrazado a tu cuerpo
porque es demasiado grande
y yo muy pequeño
para abarcarlo.
Me pierdo
entre las líneas
de tus manos,
de tu pelo,
en el bello
de tus piernas.
Y me da miedo
tenerte sin tenerte
en la mente
porque te tengo tanto
que te tengo sin tenerte.
Tengo miedo
de tu mirada
porque sólo una basta
para descifrar
lo que siento.
Y si te acercas:
Huyo
Caliento
Miento
Me sereno
Me retengo
Sueño
Te deseo
En ti más pienso
Estallo si te acercas…

?

Adherida a la piel

como manchas de enfermedad

por enfermedad,

como un cristal ganchudo

hendido en la carne

quieto, sin moverse

para que no salga la sangre.

Burbujas de pensamientos

como agua hirviendo,

burbujas que ocupar buscan

todo el espacio impidiendo

que entre nada nuevo…

Profundidades e inciertos,

bellos juegos de bestias

buscando cada uno lo mejor,

dolores sentidos, dolores cedidos:

nadie sufre sin sentido,

nadie actúa sin saberlo.

El diablo me habla

cada noche;

no me deja soñar…

Son sus palabras

sonidos de tambores

rimbombantes en mis oídos

que suenan al son

de la música del infierno.

Ya no pienso,

sólo despierto y vivo

y duermo y despierto

pero no sueño.

Debajo de mis ojos

hay trazos de pincel

de acuarela color rojo

cuando despierto.

El cielo blanco ver quiero

y no este oscuro de noche,

esta tiniebla de espanto.

Ya no veo ventanas de luz,

ni terrazas con tiempo,

ni al tiempo de mi lado

cuando duermo.

Y es que el diablo me habla

cada noche

hasta que se vaya de mí

tu recuerdo