Antes de saberlo ya lo había dicho: estoy deprimido. Me da miedo la luz, y la apago. Me da miedo la gente, y me callo. Me preguntaste que quién era yo, pero me preguntaste qué quién era yo para creerme mejor que tú. No soy nadie y por eso me quedo como los nadies: solo. Pero tengo orgullo. El orgullo es lo que me salva a mí a costa de ti. A ti te hago pequeña para verme a mí grande, pero no significa que tú seas pequeña. Estoy deprimido y no es un buen momento para definir o denotar objetivamente. ¡Qué triste que los supuestamente vacíos tengan razón! ¡Qué difícil admitir que los que piensan diferente a mí puedan tener la razón! Tengo dolor en el estómago y no lo puedo quitar; no puedo salir de la habitación: tengo miedo. Tengo miedo para despertar y bajar a la calle: fuera me volverán a decir lo inútil que soy, lo ignorante que soy. ¡Que incluso siento que los que parecen ignorantes son más inteligentes que yo! Sí, tenías razón: lloro demasiado y no sé reír. Nunca es suficiente y jamás es bueno porque siempre puede ser mejor. Las exigencias me han hecho así, ser inhumano. Y no hay placer sino prisa, ni victorias sino obligaciones, ni ilusiones sino futuro. ¡Qué ya dejé de ser niño pero me decaigo entre los adultos! …

En el espectro temático de la vida existen cuestiones mágicas, ilusionistas, ocultas, bonitas…pero también existen la economía, el dinero y algunas otras. No sé dónde albergo la soledad desde la que algunas veces escribo, por no decir que todas. Muchas soledades son elegidas y muchas son vestidas al azar. Me he aislado para pensar. En la cadena de producción en la que ahora vivo, no por mucho tiempo, no soy nada. Durante una hora puedo trabajar mucho o poco y económicamente valen lo mismo: poco. Lo ideal para algunos es hacer menos y ganar lo mismo. Si nadie limpia en casa, dado que nadie lo hace, mi mejor actuación sería no hacer nada dado que nadie hace. Si decido hacer lo que los otros se niegan a hacer soy tonto. Pero por unos y otros la casa sigue sucia. Creo que la metáfora de la limpieza metaforiza mi propia vida y los aprendizajes personales: si no hay nadie que limpia la casa seguirá sucia, así que debo empezar yo la limpieza; alguien la continuará y aún a malas la casa estará limpia durante algunos momentos. Mi profesor de filosofía me llamó masoca e hice catarsis de sus palabras con mi persona: acertaba. Nací para limpiar lo sucio, para quitar la hierba seca, para sanear lo enfermo.  El trabajo sucio es mi trabajo; y no me puedo quejar porque nadie escucha, porque nadie lo entiende, porque es mi elección. La gente se queja de lo que otros hacen mal y resulta que ellos mismos no pueden hacer mejor lo que critican: criticamos nuestros defectos, que viene a ser una paradoja, una sátira o una broma de mal gusto. Por tercera o cuarta vez mi mamá me dice que soy antisocial, y pienso que si mis deseos de ayudar a la gente mentalmente floja, físicamente jodida, no son más que patrañas para llenar mi egocentrismo. Bien, no creamos más que cárceles dentro de una cárcel que es la vida. Y yo busco y quiero ser feliz y libre, y me parece difícil y de solitarios locos.           
En la cadena producción soy un eslabón de mierda que no refuerza la cadena sino que parece debilitarla a veces; y encima, como no tengo potencia económica, no puedo opinar. Es decir, que sólo pueden opinar los que tienen dinero (qué triste para quien piensa así; quien piensa así más bien no piensa o piensa poco y mal). Total: que me he quedado con hambre, tendré que volver a sacar otro poco de dinero para la coca Light y el cortado con hielo de las mañanas, que mis opiniones no sirven porque no tengo dinero y que mañana viviré de mis propias opiniones -una gran incongruencia, pero una gran realidad-.

Tres veces la he probado después de haber oído hablar de ella durante dos años. Supongo que la primera vez es la más dolorosa, por la sorpresa, por el desconocimiento, por no saber actuar. Su vehículo de expresión son los ojos, el corazón, algo los brazos, y los pulmones. Los ojos se nublan con los pensamientos incesantes: empiezas a pensar y te surgen más preguntas e incoherencias que respuestas y cosas concisas y útiles. Los pulmones se vuelven de hojalata, rígidos, mecánicos. La respiración es consciente, pensada y no automática o vegetante. Se bloquean los brazos como el volante cuando quitas el contacto. El corazón danza sin ritmo regular al compás del pensamiento desordenado. La primera vez duele, te hace sentir débil e impotente, te deja sin palabras, sin orgullo, sin fuerzas. Lo que me quedó después fueron las lágrimas del desespero y la impotencia. Mi segunda vez fue en la estación de tren, sentado al lado de una papelera, fumando y pensando al mismo tiempo. De nuevo me cogió por sorpresa. Esta vez el sentimiento fue de rabia, de ira, me dio ganas de gritar, de destrozar, de expresar todo el daño acumulado de la última vez. Como soy ético y coherente y me importa la gente que me envuelve y mi propia imagen, miré al suelo y aguanté la rigidez externa de mi cuerpo, hasta que me sofoqué con mi propia calma. No duró mucho el efecto. La última vez ha sido hoy. El efecto tardó minutos en desaparecer; mencioné algunas palabras porque todas son buenas y malas a la vez (depende de los oídos que las escuchen). Ahora el efecto dura poco pero lo reproduzco con precisión, cuando desaparece, por la memoria de mi cuerpo respondiendo ante él. Las sensaciones son tranquilas; las tensas las hago pasivas. En mi normalidad me ataca un odio encerrado que lo relajo con nimiedades y pensamientos simples de evasión. Sin darme cuenta había salido de casa, sin pensarlo escribía estas últimas palabras…

Huyen De Mí

Qué mejor día que el 21 de marzo, Día Internacional De La Poesía, para exponeros una alegría personal en cuanto a este campo. Estas últimas semanas rondaba cerca de esta cifra, milagrosa o no, de los 500 poemas. Así que he llegado a ella. Se trata de mi pequeña obra desde 2003 hasta hoy.Desde 1997 he estado aprendiendo a poetizar y, supongo, que he dado con alguna de sus caras o vertientes. Encuentro una importancia relativa en esta cifra, incluso paupérrima, si la comparo con el aprendizaje personal, el crecimiento y desarrollo interiores que escribiendo he adquirido.Me he preguntado y me han preguntado algunas veces por qué escribía. Cada día encuentro más razones, más excusas, más sentidos, cada día es uno nuevo para seguir escribiendo. Encuentro, búsqueda, placer, desahogo, sueño, realización, risa, guía, realidad…La poesía puede ser mucho o tan poco como uno quiera.Me tomo esta cifra, 500, como un inicio porque, siendo realista, tampoco he conseguido nada. Aún así me complace, me llena, me vibra por dentro saber que vivo rodeado de pensamientos y palabras, que la poesía sigue a mi lado por la razón que sea. Sin más, llego a este número 500, sigo escribiendo. Os invito a leerlo:

Mi Poema 500