Pensatiempos – J. L. Andreu Berzosa » Observando
Es la vida, desde este punto de vista, un camino de obstáculos. Obstáculos como las críticas. Estamos sometidos a la opinión de los demás en cuanto a nosotros. Nos critican las maneras de pensar, de sentir, de obrar, de expresar…La introspección no debe ir ligada a una propia justificación de dicha crítica, tomándola como negativa (sin olvidar que existen también críticas constructivas y positivas). No busquemos justificaciones sin verdades objetivas. La crítica que he recibido hoy es: Eres Separatista.
Ser separatista puede sufrir grados. Hay extremos y hay un maravilloso centro equilibrado, prefecto y utópico. La crítica puede pasar por tres procesos (como cualquier otro “ataque”): la puedo hacer mía, puedo desviarla y no prestarle atención, o puedo devolver la crítica (defensa). En el primer caso decimos que la respuesta tiene un carácter impugnitivo, y un carácter expugnitivo en el último. Yo suelo elegir el carácter impugnitivo en cuanto a las críticas o ataques.
Si reflexiono esta crítica (“Eres Separatista”) es porque tal vez sienta que es verdad. Y busco las razones. El separatismo pone de manifiesto la individualidad (“Tú allí y yo aquí”). En mi caso, no separo por desprecio (por eso decía que había separatismos radicales). Hay quien prefiere no juntarse con los demás por desprecio; yo, a veces, prefiero estar solo por muchas razones. Muchas veces es cuestión de educación (lo que me han enseñado): “No pidas ayuda si puedes realizarlo solo”. Estudié en un colegio donde las niñas no existían dado que podían descentrarme (¿cuánto hay de misógino en este pensamiento?). Gracias a esta enseñanza la distancia entre este niño y la niña es grande: quizás para impedirlo escribo y pienso.
Ciertas separaciones sirven para impedir problemas (algo así como la cuarentena en la enfermedad infecciosa grave que puede provocar pandemia); sin desprecio, sólo por prevención. Por separar entiendo (connoto) el ordenar (“Esto aquí, lo otro allá”). Así que, separo como: prevención, ordenación, individualidad y educación. ¿Qué pensáis?
Hasta ahora había pensado que discutir (pelear verbalmente) era malo o sólo negativo. Debo retractarme porque he encontrado un nuevo sentido: discutir desde el sentimiento hace que la gente se descubra, es poder conocer al otro y a nosotros mismos. Además discutir muestra que los que discuten quieren conocerse y expresarse. Por tanto, cuando he discutido desde el sentimiento con alguien, lo he hecho para darme a conocer y para conocer lo que piensa el otro. En el peor de los casos, cuando la otra persona me ha sido totalmente indiferente, he guardado silencio, he ignorado, he dejado pasar de largo. ¿Cómo muestras tú tu indiferencia? ¿Qué significan para ti las discusiones? ¿Son buenas o malas?
El diablo se vistió de mujer y salió a la calle. Me encontró en un bar, mientras escribía y tomaba café. Como el escrito era más importante que él, lo miré de soslayo sólo un segundo, para descansar la vista. Le dolió mi ignorancia hacia él, pero se aprovechó de mis ignorantes ganas de conocimiento. Se acercó y me envenenó.
Orgulloso por mi resistencia a la alucinación del veneno, acabé cayendo en mi propia trampa. Caí al suelo como mi orgullo, el cual me cuesta recuperar. Después de dos años durmiendo vino Marina, la vieja dueña de la pensión, con una vela encendida. ¡Todavía estás despierto! Yo tampoco puedo dormir. Por cierto, me gusta lo que escribes.
La luz de una vela quemó lo translúcido de la imagen cuando la observas tras los párpados. Menos mal. Abrí más los ojos desde que Marina vino a hablar conmigo al cuarto. Eres joven, me dijo, no desperdicies el tiempo que vives pensando en que serás viejo, porque mientras lo piensas tu tiempo de ser joven está pasando.
Miré a mi alrededor. El cuarto donde dormía estaba lleno de mis pinturas: diablos amenazantes con cara de odio. Desde que me enamoré de él no había hecho más que buscarle otro rostro y otra mirada. Pero los colores no mienten y yo estoy aprendiendo a no mentirme. Así, nacieron algunos escritos nuevos que restaban la atrocidad a los dibujos.
Cuando conseguí un nuevo rostro, al amor rebosaba por todos mis poros. Cuando empecé a sentirme mejor vino el diablo a visitarme. Que se iba, que me dejaba porque era yo el diablo, que quemaban mis palabras.
Que la potencia está en la superación personal, en la victoria más mínima. Y así, con el diablo dentro de mi cambiado de rostro, camino lento desempedrando el camino. Cuando estalla el diablo antiguo por alguna parte de mi cuerpo debo parar y perder el tiempo, para empezar después, con más fuerza, otra vez, a desempedrar el camino…
De pequeño me intentaron explicar el concepto de alma. Y como tantos otros conceptos, le di mi propia interpretación. El alma era aquella voz interior, que escucho pero que no pronuncio. Me hablo a mi mismo por dentro. ¿Lo haces tú? ¿Con qué frecuencia?
Mi diálogo es constante: me hablo al despertarme, al desayunar, cuando camino, cuando estudio…Me digo miles de cosas durante el día. Es hacer consciente cada pensamiento, cada idea (con proyecciones de imágenes representativas). ¿Qué te dices a ti mism@? ¿Cómo te tratas?
La voz interior es el puro reflejo, que no total, del estado mental químico y anímico. Mi voz suena triste cuando lo estoy, y feliz cuando lo estoy. La voz interior destapa lo oculto de la persona: sus deseos más profundos, sus inquietudes, sus dolores.
Mediante esa voz podemos construir nuestra personalidad, nuestros próximos pasos, nuestras conversaciones. Esa voz nos pone de manifiesto la aceptación que tenemos de nosotros mismos. Cuando no nos aceptamos, cuando lo que dice la voz y lo que hacemos son contradictorios, falla algo y nos sentimos mal. ¿Te aceptas a ti mism@?
Vivimos en la misma casa y somos desconocidos. ¿Desde cuándo lo hemos aprendido? ¿Desde cuándo es así? Aislarse no sólo depende de la decisión personal, sino que la gente también le aísla a uno. Relacionarse con extensión y profundidad parece ser una utopía; recuerdo aquello que me decía Raúl: “llevaban juntos siete años y él no sabía si la quería (seguro que ella tampoco)”. ¿Qué es lo que impide que dos personas se conozcan, se aprecien y se quieran? ¿Tal vez no nos conocemos a nosotros mismos y por eso no sabemos expresar al otro cómo somos? Mi casa, la de Valencia, la de Reus, sea la que sea, es un territorio de guerra, un territorio comanche, en el que mi habitación es la trinchera. Habitación de una o dos plazas; de momento sólo una, cada día pienso menos en compartirla por miedo.? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ?
Nadie se entrega a nadie en cuerpo y alma, rara vez nadie lo ha hecho. Supongo que es el miedo, el sentirte desnudo y desvalido, es instinto de protección. Supongo una pérdida de valores (como tantas otras) porque hay desconfianza antes que entrega. La desconfianza depende de uno mismo y de los que le rodean, como las relaciones y el aislamiento. La división está en el momento en el que, tras aceptarse y vivir a gusto uno con uno mismo, no existe nadie fuera que te haga sentir tan a gusto como te sientes tú contigo mismo. Creo que más o menos me explico.? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ?
La habitación es una metáfora de refugio, de aislamiento. En tu habitación eres libre, eres, quizás, más tú. Sexo, sueño, descanso, conversaciones privadas, pensamientos intentando esclarecerse, todo aquello que importa, que llena, una realidad más potente y real se da en la habitación de cada uno. Por eso es una trinchera en el campo de guerra (el mundo, la vida, el exterior). Poco más, de momento…

