Pensatiempos – J. L. Andreu Berzosa » LibreAfluencia
Querido amigo, supongo que tenemos que bajar de nuestra nube romántica y darnos cuenta que las cosas acaban; nosotros podemos pensar y expresar que las cosas acaban para la gente y que son infinitas para nosotros. Y tal vez sea así. Entre el cielo y la tierra está la levitación: casi siempre es mejor levitar que no salir volando, porque si salimos volando podemos darnos cuenta que muchos se han quedado detrás, pero que nos ha seguido ¿nadie? A la soledad hay que amarla pero no más que a la buena gente que la rompe. ¿Buena gente? Con los dedos de la mano. La búsqueda es infinita, también, y es mejor morir buscando que morir con silencio psicológico. Supongo que no empezamos nada que no vaya a durar, pero antes de empezar nunca sabremos si va a durar. Lo que acaba es doloroso, más o menos para todos. Suerte para el que menos, madura aceptación para el que más. La madura aceptación no es egocentrismo, es otro mecanismo de defensa; triste actitud tiene el que quiere quitarte las armas: antes o después querrá matarte o que te maten. Las armas delante hasta que el diálogo las haga caer al suelo, porque por amar y salir desnudos al campo de batalla: morimos. La protección no es división, es prevención, ni tampoco es guerra, es experiencia, y tampoco es miedo, es futuro.
Lo mejor es saber que queda futuro, que queda sueño y ambición, y que quedan para hacernos mejores. Porque el que no ha mejorado no ha evolucionado ni ha permitido cambio.
Me alejo, salgo pitando. Cada una tiene su personalidad; es cuestión de tiempo acoplarme a ella. Hay algunas que tardan siglos en comenzar; otras, sin embargo, comienzan antes de lo esperado. También pueden ser como instrumentos musicales: hay que saber soplar la cantidad de aire exacta. Incluso el propio instrumento se hace a la boca de quien lo sopla. A veces me planteo tanto que se me olvida al segundo lo que me planteo. Sí, chata, una afluencia de ideas sin conexión, pero una afluencia real, tal cual, ligada por una cabeza o bien loca o bien normal. Es que me gusta jugar con la mente. Soy un escritor que además piensa, y son dos cosas muy separadas. Me paro. Tengo dos sensaciones negativas: la más reciente es que no sé dónde colocarla: si sobre la flexura del segundo dedo por fuera o bien en la tabaquera anatómica junto al pulgar. Es jodido. Pero la otra sensación, que creo que es la que más me duele es que pierda tinta por el camino y que la recupere de golpe, de manera súbita. ¿Ya sabes de qué hablo? Hay que escuchar en contexto. Escuchar en contexto es una manera más pero diferente de escuchar. No todo el mundo escucha en contexto. No escucho todas las palabras seguidas, sino ahora una y después, más tarde, otra, al azar. Al mismo tiempo busco el por qué más real de lo que se está diciendo. La gente habla mucho para decir una sola cosa y muchas veces no sabe lo que quiere decir realmente. Como no hay una presentación, un desarrollo o un desenlace no puedo poner un título claro y objetivo o definitorio del escrito, así que, para Pensatiempos: o le pongo un número como a los de Naturalment o bien algo así como: La Pluma Que Rescaté Antesdeayer Por Dieciocho Con Cincuenta.
No consigo encontrarle la presión exacta a la pluma. Y no sé si tener paciencia o que se me acabe ya. Igual el problema no es mío y es de ella. De todos modos, me va gustando esa mezcla de letras sin acabar, a medias, con esas otras letras demasiado marcadas. Tal vez el criptógrafo encuentre en ellas mi verdadera personalidad: mierda, ¡qué miedo! Igual tengo que cambiar mi vida por un diagnóstico; igual odio la medicina y salgo corriendo y salgo pitando. Bueno, como siempre: sigo escribiendo. ¿Saben algo? Uno acaba siendo lo que se repite día a día. Así que, si hoy me digo “soy gilipollas”, y mañana y pasado y al otro me digo que soy gilipollas, ¿saben cómo voy a acabar? Eso es, muy bien niños. ¡Menuda educación que recibimos (en el pasado)! ¿Alguien sabe la educación que reciben los niños (en el presente)? Creo que sólo lo saben los padres que tienen niños en el cole, pero ¿saben los padres, de hoy en día, qué aprenden sus hijos en el cole? Mierda, qué crítico soy…
Cuando las campanas tocan las siete de la mañana uno se preocupa, pero menos si no es la primera vez. Yo digo cosas interesantes así. Duele dos veces si las campanadas de las siete se repiten dos o tres veces (las siete). Repica mi corazón con ellas porque soy el único habitante despierto de todo el pueblo, incluso los yonquis duermen. Repica más porque parece que duermo al lado de ellas, como el Jorobado de Notredamme. He recordado que me gustaría saber otras lenguas, porque así quizás esta pluma funcione mejor.

