6ª Carta

Querido Maestro:

Tras su enseñanza de que debía olvidarme de mi cuerpo para penetrar más en mi interior, me surge una duda: ¿hasta dónde debo olvidar mi cuerpo?. Con él me muevo, con él percibo y aprendo, y deseo. He aquí mi gran problema, Maestro: tengo deseo, deseo ardiente, no lo puedo evitar. Día a día pienso en abrazar y en amar el cuerpo de la mujer con quien sueño -no resto que con este gesto me olvide de su alma, ni de su interior-. Y mi cabeza sigue sus enseñanzas…¿Cómo puedo desear sin centrarme en el cuerpo?. Gracias Maestro, espero su respuesta.

5ª Carta

Querido Maestro:

Cuando pierdo los ojos con los que vemos el mundo normalmente, es cuando más despierto, es cuando más entiendo. ¿Es esto girar la vista?. Querido Maestro, hoy me he enfrentado al sol, me he fundido con su luz, con su calor, y él me ha traspasado por los ojos hasta deshacerme. Así me he sentido pequeño? y parte de esta naturaleza. ¡Qué bienestar otorga? el ver despertar al día!. Hasta pronto…

4ª Carta

Querido Maestro:

Hoy he tenido una visión bastante dura. La he podido resistir porque usted me enseñó a entender las cosas desagradables, ya sabe, aquella enseñanza de las metáforas. Le cuento lo que he visto: Subía yo unas escaleras en un callejón de un barrio que desconozco. Cuando llegué al final de las mismas, dí con con otra calle oscura, mugrienta y llena de casas viejas. De repente salió una niña de una de las casas, por la puerta principal. Con una voz suave preguntaba por su madre. No le respondió nadie. Tras unos segundos de silencio la niña estalló en pedazos. A mis pies cayó la muñeca que llevaba en las manos. La recogí y salí corriendo. En aquel instante pensé en usted y en su sabiduría.

Maestro, ¿la niña se estaba haciendo mayor?. ¿Por qué no acudió su madre?. ¿Hice bien llevándome la muñeca?. Espero su respuesta. Hasta pronto.

3ª Carta

¡Hola Maestro!

Intento mantenerme fuerte, valiente, alegre, pero no puedo. Me duele mucho el estómago, quizás aquella sensación extraña que me relató. Siento lo mismo. Maestro, ¿quién o qué nos maneja para que vayamos de aquí para allá?. Sabe, siento a dios cada vez más cerca. ¿Me estoy muriendo?. Cada día me cuesta más seguir con vida, seguir pensando. Pero gracias a que me queda este papel y usted sigo en pie. Gracias por la pluma que me regaló…

2ª Carta

Querido Maestro:

¡Cómo me cuesta aceptar que la derrota más triste es la victoria más placentera!. Ya sabe que no puedo dejar de llorar, y que no puedo dejar de escribirlo. Me duermo en las bibliotecas y allí grito, maestro. Ya sabe que soy uno de los pocos locos de verdad, un solitario de los únicos, pero ¿qué más da quiénes seamos?; sigo y sigo sus enseñanzas. Cada palabra suya es un mundo más grande que en el que vivo. Sigo pensando en que me da miedo, querido maestro, viajar allí con usted, a su lugar privilegiado. No puedo evitarlo, pero sigo siendo un simple hombre. Hasta pronto, José Luis…

Primera Carta

Querido Maestro:

Aún recuerdo nuestro primer encuentro, ¿cómo olvidarlo?. Fue tan inesperado, tan imprevisible…de esto hace ya doce años. ¡Cómo pasa el tiempo!. Mis progresos han ido mejorando, cada día que pasa aprehendo algo más? y nuevo. Sólo le doy las gracias, en esta mi primera carta. Y decirle que sigo en pie.

11 de enero de 2006. José Luis Andreu Berzosa