El cuerpo llegará tiempo después de lo que llegó el pensamiento, en los soñadores, en los previsores. Yo llevo años esperando a que venga mi cuerpo, acompañado, pero debe estar perdido por algún lugar aburrido mientras yo sobrevivo juzgando qué es perfecto. En este blanco espacio me sorprendo leyendo en un libro que no tiene letras; y he estado y estoy leyendo cientos de cosas. Nadie lo ha podido explicar, aunque hay alguno que se ha pronunciado estallando para sacarme de mi sopor, a mí que desde aquí no he molestado a nadie. Atado en mi maraña y suspendido estoy mejor que en el suelo, desnudo y aturdido. Vivo menos porque cuando salgo a vivir no cumplo lo acordado y prefiero seguir imaginando. Me sigo viendo cercado en una espiral de Torres de Babel…
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