El Chispazo

Me encuentro haciendo peleas con hombres extraños; también es cierto que la enfermedad me embalsama los ojos de miedo, de odio, de resentimiento. No puedo evitarlo y ser preso es lo que temo, lo que me hace daño. No podré cambiar nada porque todo parece demasiado cierto. Y yo no quiero pelear, no puedo pelear porque no existe nada bueno detrás de la pelea, por mucho que me quieran después. Junto con algunas voces de mar siento cómo se aleja la felicidad, una felicidad que vivía antes conmigo, cuando todavía las voces significaban algo o cuando empezaban a significar. Ahora me encuentro peleando con hombres raros y añorando voces que se vuelven fantasmales. Ya no sé ni expresarlo, ya no tengo fuerzas para ello: me han vencido los muros pesadumbrosos místicos, pero también la química y la mentira de su verdad. No llegan las cartas porque nunca aprendimos la dirección donde enviarlas, pero uno sigue pensando en esas tristes palabras sabias: “Huelo a viejo, a piel descamada, a muerto, a vino y humo, a desgracia, a soledad. Y por lo poco que dura mi felicidad no voy a querer compartirla; seré egoísta y agradecido con el otro: no puedo permitirme dañar a más de uno, y el uno seré yo”. Le entiendo y compadezco. Algunas heridas ya son compartidas. Mi alma vagó algunas noches por un hotel, evidentemente sin descansar y sin ganar nada, dolida, esperanzada de no encontrar nada, tan contraria a lo que siempre había querido ser. No merece la pena el chispazo…

Cuatro Años Y Medio

Durante este largo camino ya bifurcado he perdido algunas ocasiones para felicitar, pero siempre existe una nueva: nunca es tarde. Hoy cinco de junio de dos mil diez cumplimos y cumplimos en Pensatiempos. Es nuestro cuarto cumpleaños y medio, por lo que, como habréis comprobado, he decido hacer unos cambios siempre agradables y una nueva cuenta de nuestros números. Fue posible, Krizio. Siguiendo una bonita propuesta de mi amigo, el cinco de enero de dos mil seis arrancamos y todavía no hemos parado, y hemos sido y somos muchas cosas: caballos, barcos, asesinos, drogadictos, prostitutas, sacerdotes, médicos, informáticos, soñadores, derrotados, ganadores y vencidos, escritores, soñadores, pintores, filósofos, personas a fin de cuentas. Desde entonces nuestra familia ha crecido mucho: a fecha de hoy somos treinta y siete seguidores, más o menos presentes. Y un número más: durante el último año se ha descargado esta página más de cinco mil veces, lo que me encanta y me da ánimos para seguir en pie y escribiendo. Bueno, y un número más: sin haberlo buscado del todo este escrito cumple la entrada número cuatrocientos. Evidentemente que no nos cambiará la vida nuestra reunión, pero, al menos, nos dará algunos nuevos puntos de vista y nos ofrecerá una comunicación (difícil de encontrar en la actualidad). Podríamos decir que formamos un grupo más. Tampoco lo haré más grande; simplemente decir que gracias por seguir visitando y formando parte de este “recoveco internetil”, y que ¡Nos Vemos En Pensatiempos!

Sucesos

Arriba se escuchan gritos atronadores; sale humo de las aulas. Y suena la alarma. Bajo, la calle está silenciosa; dos personas entran en la funeraria, y yo soy el punto que corta ambas realidades. Pocos segundos más allá dos inteligentes se dan cuenta que no lo son y que cualquiera puede tomarles el pelo. Un trabajador de sol a sol celebra en la cafetería que pronto podrá volver a su país, y se le cae la copa por los nervios y se hace añicos. Al otro lado, dos personas parecen sincerarse para conseguir el sexo que los dos necesitan. Mañana habrá enfado por las mentiras. Y yo, dos mesas más para allá, escribo…

Una Forma Sin Forma

Porque si no camina la línea, si la palabra no se escribe, si no hay escrito, algo en mí se muere. Si no hay idea no hay sensación, y tantas veces es en este orden: pero escribir no debe ser la fuente de sensaciones, por eso han pasado días en blanco, días sin palabras, sin escrito. He pasado algunos momentos buscando la palabra humilde, que no salía, que permanecía escondida. Quizás la utilice poco con todo lo que debería definirme. No me lo considero del todo: es una humildad pensarlo.
Los escritos, los míos, son egosintónicos, egodistónicos y, como éste, una línea fina sensacional. No me quiero hacer daño, hoy. Ayer, queriendo hacérmelo, pensé que no debo cambiar tus sensaciones, y hoy pienso que también tengo una opinión, que, en el peor de los casos, me la estoy formando, y hay algo que me apoya humildemente: los primeros vacíos de pelo frontoparietales. Utilizo todo lo que soy y cada día estirar de esta roca es más difícil: las palabras más tristes para el orgullo más querido. Que no es total. Me doy cuenta que el mismo punto, a veces, es más seguido que otro, pero que no puede intercambiarse por otro a parte. La literatura tiene sus límites: ¿es esto incuestionable? Se para cuando se quiere y se sigue por lo mismo: yo me enfado con mi orgasmo porque dura demasiado poco, y demasiado poco nuestro encuentro. Ya empiezas a conocerme: no soy una línea recta sino una forma sin forma compuesta por muchas líneas rectas entrelazadas entre sí…