De las señoras del dolor no quisiera pensar mucho más de lo que he pensado. No llaman mi atención sus personas sino las observaciones a cerca de sus personas. No quisiera darles más minutos de los que se merecen. Las personas en general las dejan de lado por un dictamen de su inconsciente. Yo, que estoy empeñado en cualquier persona por simple o mala que parezca, he necesitado años para llamarlas Señoras Del Dolor. Caracteres fuertes y reservados, buscaron en sus relaciones peleles o marionetas para actuar como sus verdugos. Demasiado egocentrismo perforado a veces por lo débil de sus personas, pero en general fuertes para los ojos del mundo. Solitarias porque es imposible aguantarlas; más que solitarias: solas. Utilizan a quien se deja, sobre todo a los débiles que no saben elegir lo que les conviene o que no saben estar solos. Sus conversaciones vienen definidas: siempre lo que les gusta, lo que hacen, lo que han planeado, pero rara vez lo que sienten. Nunca sabrán ponerse en el lado del otro: lo que se llama Empatía. Volverán locas a sus madres, porque son inteligentes; y generalmente ordenadas. Gozarán de relaciones pero ninguna les llegará a llenar. El inicio de su conversación puede ser hacerte daño con las palabras, meterse contigo, y si eres capaz de soportarlo ya puedes tener una conversación con ellas. A mí no me gustan que me hagan daño, creo que por eso las rechazo, pero quería conocerlas antes de olvidarlas. Se protegen, hacen daño para protegerse. Tienen miedo las señoras del dolor. Engalanadas, creídas, posiblemente las señoras del dolor no tengan nada bonito que enseñar, ni tan siquiera su cuerpo, por más que lo intentes mejorar. En su silencio se pierden en su aburrimiento, y nadie les sigue: sus empresas no llegan a nada divertido, a nada cómodo. Necesitan toda la atención mientras que ellas no te prestan ninguna: un absurdo enorme. No están hechas para amar, sino para ser amadas, una pena. Sobreprotegidas, aparentemente independientes. Lo construirán todo para mantenerse muertas de frío en sus casas. Anancásticas. Orgullo que encierra poco, lucha con final triste. Morirán hambrientas, rodeadas de comida, sin saber qué llevarse a la boca.
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