La vida interior es tu propia casa, no es nada extraño. Que luego, según expresiones y según maneras de contemplar, puede ser muchas cosas, pero quizás todas demasiado extrañas. La vida interior es tu propia casa. Ella te da seguridad, acogida, calor, espacio (para la locura), y tantas otras. La vida interior te permite Hacer y parar a gusto. ¿En qué trabajas? Me preguntan. Yo trabajo mi vida interior. ¿Y eso te da dinero? Continúan. Y yo sólo guardo silencio. La leche fría sólo la he probado en mi vida interior, y cojo el envase como si fuera un botijo, vertiendo la leche desde arriba hasta la boca, pero no cae ni una gota. Yo aquí (pero en todos sitios) vivo entre tinieblas, en silencio prácticamente siempre, ideando y pensando de continuo, y a veces, cuando me muevo, se me olvidan las ideas. Escribirlas es muy difícil por la velocidad con la que pasan. No seré el único, pero quizás de los pocos, no sé, juzga tú esta idea, el que piensa en los vecinos y reconstruye su vida a partir de sus ruidos. ¿Podríamos decir que no soy nadie porque vivo en silencio? También debo ser de los pocos que se preocupe por los locos, pienso en ellos como pienso en mí. Los locos no viven entre la gente, creo. ¿Siguen estando en las montañas, alejados de todos? Es extraño separarlos mentalmente cuando mentalmente pienso que todos somos uno de ellos si pienso que normal no hay nada, sólo personas como islas que adoptan las normas de ahí afuera. Así que: ese grupo no vive entre nosotros, viven en cuevas y salen por las noches (la literatura puede hacer de ellos algo parecido a los vampiros en esta jocosa idea irónica). Nadie los oye gritar al lado de la pared, ni lanzando cosas contra los espejos ni contra las ventanas. Yo intercambio la mirada con ellos, y soy uno más en este juego. A veces pienso que sería bueno aprender a ver las cosas de otro modo, así como ellos…
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