Monthly Archives: Marzo 2010

De La Nada Y Del Todo

30 Marzo 2010

Queriendo y sin quererlo estoy demasiadas veces perdido. Por mí, por el otro. Para encontrarnos, un espacio neutral elijo: y no sé si soy yo quien establece guerras, tal vez sí. Cuerpo a cuerpo, sin entresijos, sin subterfugios, cuerpo a cuerpo, sin guerra. Lo doy, yo lo doy aunque me digan que no, aunque pueda parecer que no; y tanto como hasta perder mi tiempo, mis días, mis pensamientos. Es duro, y muchos dicen que absurdo, luchar contra algo que desde el principio está ya perdido, y no entiendo por qué seguir creyendo en algo que no existe, que no está presente. Y en una incoherencia, en una estructura sin cohesión, es hermoso pensar que la interpretación de cada uno será diferente o que mágicamente pueden coincidir, pero también que la coherencia es posible allí donde nadie con prisas podría encontrar. Es a lo que me dedico: a remedar trozos de nubes con hilo, a cortar gotas de agua, a pensar en prácticamente todo excepto en lo que debería pensar, a perder el tiempo, tenías razón, a perder el tiempo. Pero, ¿no has esperado tú alguna vez más de lo que te gustaría? Yo soy un experto en eso; también en cosas mucho más absurdas, como la capacidad del trazo fino para abolir ese blanco tan blanco del papel, aunque conseguirlo no es nada fácil…

En El Silencio Que Ser Puedo

22 Marzo 2010

No lo puedo saber

porque sólo un pensamiento no basta,

y porque el único

es el mío mismo.

Lo puedo soñar

pero los sueños son sueños,

y aunque querer es poder

no siempre puedo.

No entiendo por qué mi azar

es más azaroso que el del resto,

no entiendo por qué soy más viento,

más sueño, más lejos.

Podría saber que entro

pero no sé si me quedo,

no sé si alto llego

no sé si sólo sueño.

No tengo miedo

pero tampoco orgullo, y dejo

que la prostituta de mis pensamientos

me quite el nombre

y me deje en silencio,

en el silencio de mí mismo

en el que sé que ser puedo.

Vida Interior, De Nuevo

15 Marzo 2010

La vida interior es tu propia casa, no es nada extraño. Que luego, según expresiones y según maneras de contemplar, puede ser muchas cosas, pero quizás todas demasiado extrañas. La vida interior es tu propia casa. Ella te da seguridad, acogida, calor, espacio (para la locura), y tantas otras. La vida interior te permite Hacer y parar a gusto.  ¿En qué trabajas? Me preguntan. Yo trabajo mi vida interior. ¿Y eso te da dinero? Continúan. Y yo sólo guardo silencio. La leche fría sólo la he probado en mi vida interior, y cojo el envase como si fuera un botijo, vertiendo la leche desde arriba hasta la boca, pero no cae ni una gota. Yo aquí (pero en todos sitios) vivo entre tinieblas, en silencio prácticamente siempre, ideando y pensando de continuo, y a veces, cuando me muevo, se me olvidan las ideas. Escribirlas es muy difícil por la velocidad con la que pasan. No seré el único, pero quizás de los pocos, no sé, juzga tú esta idea, el que piensa en los vecinos y reconstruye su vida a partir de sus ruidos. ¿Podríamos decir que no soy nadie porque vivo en silencio? También debo ser de los pocos que se preocupe por los locos, pienso en ellos como pienso en mí. Los locos no viven entre la gente, creo. ¿Siguen estando en las montañas, alejados de todos? Es extraño separarlos mentalmente cuando mentalmente pienso que todos somos uno de ellos si pienso que normal no hay nada, sólo personas como islas que adoptan las normas de ahí afuera. Así que: ese grupo no vive entre nosotros, viven en cuevas y salen por las noches (la literatura puede hacer de ellos algo parecido a los vampiros en esta jocosa idea irónica). Nadie los oye gritar al lado de la pared, ni lanzando cosas contra los espejos ni contra las ventanas. Yo intercambio la mirada con ellos, y soy uno más en este juego. A veces pienso que sería bueno aprender a ver las cosas de otro modo, así como ellos…

La Selva

11 Marzo 2010

Esquizofrénico, delirante, alucinado o llámalo como quieras, pero yo un día lo vi así. Vi una selva donde de pequeño no la veía: hay cosas que los papás no enseñan o hay muchas cosas que los papás no saben o hay muchas cosas que los papás no quieren saber. Vi una selva de árboles altos y de helechos negruzcos, y nunca imaginé la cantidad de fieras que tras ellos o en ellos se escondían. Animales salvajes, extrañamente listos e inteligentes, extrañamente, que esperan la debilidad, que la huelen, de su presa. Lo que viene después igual pueden imaginarlo… Exactas conjeturas o ideaciones, esquemas maquiavélicos, planes perfectos de caza y captura. Existe en la selva una precisión de la que nunca había oído hablar, un disparo en el centro de la diana. No me enseñaron a ser el animal más fuerte porque ya nací sin la potencia, y creyéndome de los más listos estoy atrapado en una red, en un agujero, esperando a nada más que a que venga el listo a devorarme o a dispararme para devorarme después. Técnicas de robo, llamadas ocultas, comunicaciones subterfugias, silencios extraños…nunca pude imaginar la extensa red de mierda que me atrapa, y yo vivía silbándole a los pájaros… No tiene mérito, ni sentido, y encuentro en mí vergüenza y mucho más que eso cuando me veo hablándole a una vela o a mí mismo, soñando con un sueño, esperando un beso, aprendiendo una canción. Y no me quisieron decir que estaba rodeado de animales para que no me convirtiese en uno de ellos; pero ante el peligro: mejor serlo.

Nueva Carta A D. Äddye

1 Marzo 2010

Querido D.Äddye:

No debría empezar mi carta con una negación ni tampoco pidiendo perdón, pero, sin quererlo, ya he hecho ambas cosas: es posible que sí que seamos contradicción, pero también es cierto que mi contradicción me lleva a decir poco más que la verdad, y qué mejor que hacerlo para seguir creciendo, mejorando, aprendiendo. Querido maestro, no escribirle en tanto tiempo es como permanecer en silencio, pero ya sabe que he seguido expresando en Pensatiempos. No encuentro excusas pero las encuentro: me está superando la tensión, tanto hasta que estoy siendo hipertenso, por mucho que las mediciones sean erróneas, son elevadas. Me ha sucedido de todo, y lo más increíble es que me ha sucedido incluso lo que nunca pensé que ocurriría. Tenía usted razón: no sé por qué había dejado de creer en los duendes de la barriga, en las hormigas, en las tsá-tsá. Tan simple como que el científico no suele creer en lo que no ve y que el loco cree en lo que no está. Y yo he luchado por poner tutores guiadores a muchas de mis locuras… El resto lo habrá deducido de las lineas blancas entre lineas en Pensatiempos. Ya sabe: sigo escribiendo, continúo despierto, perdura en mi recuerdo.