Porque es inevitable la Tristeza cuando hay derrota. Cuando la derrota es un pródromo es también un final, un desenlace. Está cerrado el bucle de la derrota: soy una rata drogada y perdida en un laberinto y en su laberinto. Hay palabras tachadas y sentimientos rasgados, un camino desdibujado, una espalda contra el muro, una pared cayendo, un cuerpo exhausto, una nihil mente. Palabras a trozos, picos escarpados no coronados, sueños rotos y sueños ausentes. Culpabilidad, ya culpabilidad infinita, sin ganas de pagar, sin fuerzas para pagar: soy pobre en el bolsillo y en el espíritu. El torbellino cardíaco y mental me escupe de la soledad de la silla, madera occidental, sudor maloliente, brillo pasajero, ¿real?, huídas y enfermedades. Eso sí, sigo sin tener miedo de escribirme. Podría escribirme torsiones de puntas o fibrilaciones ventriculares que acabaría encontrando sentido, calor y apoyo en rayas literarias sin sentido.
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