Tal vez sea yo el que yerre y todavía más cuando me pides que abra los ojos; pero los mantengo cerrados y todavía no me lo he cuestionado de verdad. Yo soy ese que tanto se pregunta y que sólo piensa en sí mismo. Supongo que mi realidad interna infinita no me permite abrir los ojos hacia fuera. Y no me quieres hacer daño, sólo abrirme los ojos, y en el fondo me duele no saber cómo hacerlo. Ayer te vi en una de esas ocasiones en las que tengo que levantar la mirada por necesidad. Te vi y me enamoré, tan sencillo. Tanto que me he despertado y he vuelto a buscarte. Allí estabas tú o no. Creo que no porque tampoco he mirado tanto. Pero hay algo que quizás desapreciamos: yo no miro con los ojos de la cara. Puedo decir que no eras tú, porque tú eres miedosa e introvertida, demasiado sutil, ingenua, casi perfecta. Tú no hablas con la boca, hablas con las manos y con la mirada, hablas sin hablar. No eras tú porque ni mi corazón ha saltado ni mis dedos han vibrado con las monedas en la mano. Así que diré que no te he visto y que ya, desde ayer, te hecho de menos. Y que si no apareces tendré que admitir que estoy loco y que veo donde no existe.

Reflejos En El Espejo

Mi Primera Sala De Arte

Mi Primera Sala De Arte

Cuando se marchan todas las piezas, todo se queda vacío. La única que queda soy yo, y nunca convencido porque siempre me queda algo que ultimar. Qué triste sentirse fuera del tiempo y algunas veces del sitio: es irremediable. Después no quedará mucha conversación pues mi vida siempre fue un libro, una meditación en el silencio: haz eso porque posiblemente no sirvas para nada más. Sirvo para mucho más que eso, yo lo sé. Es triste cualquier final incluso cuando no lo es: las cosas nunca acaban hasta que uno se muere. Todo cambia. Pero el día en el que acaban uno piensa en todo lo que vivió. Es precioso, es bonito pensar en cómo las cosas suceden, en el hecho tan simple que suceden, sin más. Yo me enamoro de cada pequeño detalle y nunca lo querría evitar: amar es una de esas cosas por las que vivo. Y evitar amar es ir en contra de un instinto. Amar es un instinto más. Todo lo que uno construye en un lugar, parece que se queda anclado en ese lugar, y que no va a acompañarnos. Sólo lo parece: en mí quedará una semilla de todo esto, tan grande. Mañana, la semilla que tengo en la mano, estará cubierta de tierra, y pasado empezará a brotar. Siendo la misma realidad la imagen es diferente. Ahora tengo que salir a la calle y no me apetece porque hace un frío increíble: pero más tarde, y mañana, acabaré agradeciéndolo. Hay que hacer, siempre hay que hacer.