Cuarenta Y Dos: Edades Y Caminos
Mis adultos han desparecido,
están demasiado perdidos
en sus cosas de mayores.
Y yo todavía sigo
con la canción de mi juventud
sonando en mis interiores.
Me junto a los grupos de chicos
que hablan en bajito y comentan
de la nueva que ha venido.
Ellas nos miran y cuchichean:
supongo que somos los mismo;
pero yo sigo caminando
pues no es este mi sitio.
Desde un coche dos se giran
para mirar a las dos
que delante de mí caminan.
Me viene la canción
de mi juventud a mi interior:
no sé dónde cruzar
ni por dónde cruzan
los caminos de mi vida.
noviembre 5th, 2009 at 17:07
Leyendo tu poesía me hace pensar…
Cumplo años pero siempre queda en mi una parte de niña que me resisto a perder, que no quiero perder.
Aunar las dos a veces es difícil, pero no pueden vivir la una sin la otra. A veces tengo que ponerme seria y poner a cada una en su sitio.
La adulta, tan puritana, tan seria, siempre preocupada por el dinero. Suspirando por todo lo vivido y un poco gruñona. La joven; atrevida un poco loca, con muchas ganas de vivir y de aprender.
Las dos caminan juntas en mi vida.
Un beso de tu “joven” madre.
Carmen
noviembre 7th, 2009 at 21:17
El niño o la niña no se pierden nunca. Se puede perder un brazo o una pierna o lo que sea, pero no se arrancan los pensamientos. Ayer ví “1984″, la película del magnífico libro de Orwell. Y ese era uno de los puntos fuertes: “Nos controlarán los movimientos, pero nunca nos arrancarán el sentimiento ni las ideas”. La vida adulta nos hace alejarnos de nuestros “niños” durante horas, pero al volver a casa, volvemos con ellos. Sincero, me parace muy sincero lo que escribes porque sé que es verdad. Lo que me gusta es que tú lo sepas, y que hayas dado con esa faceta tuya. A mí me ha recordado eso que nos hizo tanta gracia de Quino: la vida debería ser al revés: empezar siendo viejos para morir en un bonito orgasmo. Pues tú igual: cada día pareces estar más joven XD y me alegro. Hablamos en un rato, besos