Mis adultos han desparecido,
están demasiado perdidos
en sus cosas de mayores.
Y yo todavía sigo
con la canción de mi juventud
sonando en mis interiores.
Me junto a los grupos de chicos
que hablan en bajito y comentan
de la nueva que ha venido.
Ellas nos miran y cuchichean:
supongo que somos los mismo;
pero yo sigo caminando
pues no es este mi sitio.
Desde un coche dos se giran
para mirar a las dos
que delante de mí caminan.
Me viene la canción
de mi juventud a mi interior:
no sé dónde cruzar
ni por dónde cruzan
los caminos de mi vida.
Leyendo tu poesía me hace pensar…
Cumplo años pero siempre queda en mi una parte de niña que me resisto a perder, que no quiero perder.
Aunar las dos a veces es difícil, pero no pueden vivir la una sin la otra. A veces tengo que ponerme seria y poner a cada una en su sitio.
La adulta, tan puritana, tan seria, siempre preocupada por el dinero. Suspirando por todo lo vivido y un poco gruñona. La joven; atrevida un poco loca, con muchas ganas de vivir y de aprender.
Las dos caminan juntas en mi vida.
Un beso de tu “joven” madre.
Carmen
El niño o la niña no se pierden nunca. Se puede perder un brazo o una pierna o lo que sea, pero no se arrancan los pensamientos. Ayer ví “1984″, la película del magnífico libro de Orwell. Y ese era uno de los puntos fuertes: “Nos controlarán los movimientos, pero nunca nos arrancarán el sentimiento ni las ideas”. La vida adulta nos hace alejarnos de nuestros “niños” durante horas, pero al volver a casa, volvemos con ellos. Sincero, me parace muy sincero lo que escribes porque sé que es verdad. Lo que me gusta es que tú lo sepas, y que hayas dado con esa faceta tuya. A mí me ha recordado eso que nos hizo tanta gracia de Quino: la vida debería ser al revés: empezar siendo viejos para morir en un bonito orgasmo. Pues tú igual: cada día pareces estar más joven XD y me alegro. Hablamos en un rato, besos