Pensatiempos – J. L. Andreu Berzosa » 2009 » Noviembre
Hoy es un día histórico para la humanidad. Los medios de comunicación habían reventado sus expectativas, y los hombres y mujeres que los controlaban habían dejado sus puestos en pro de su propia información. Desde el lejano Oriente, seguido por una cohorte de estrellas fugaces, que todo el mundo había podido disfrutar desde poco después de entrada la noche, había llegado el autor de la Historia del Mundo. El escritor de la vida de cada una de las personas que habitan el mundo. El autor de todo lo que nos acontece, de lo que nos ha acontecido y del futuro que nos depara. Una multitud se agolpa frente a los micrófonos, expectante. Él ha prometido rebelar todos los secretos de su obra. Ha jurado responder a cada una de las preguntas que se le cuestionen, hasta que su cuerpo no resista más el cansancio…
Querido amigo, supongo que tenemos que bajar de nuestra nube romántica y darnos cuenta que las cosas acaban; nosotros podemos pensar y expresar que las cosas acaban para la gente y que son infinitas para nosotros. Y tal vez sea así. Entre el cielo y la tierra está la levitación: casi siempre es mejor levitar que no salir volando, porque si salimos volando podemos darnos cuenta que muchos se han quedado detrás, pero que nos ha seguido ¿nadie? A la soledad hay que amarla pero no más que a la buena gente que la rompe. ¿Buena gente? Con los dedos de la mano. La búsqueda es infinita, también, y es mejor morir buscando que morir con silencio psicológico. Supongo que no empezamos nada que no vaya a durar, pero antes de empezar nunca sabremos si va a durar. Lo que acaba es doloroso, más o menos para todos. Suerte para el que menos, madura aceptación para el que más. La madura aceptación no es egocentrismo, es otro mecanismo de defensa; triste actitud tiene el que quiere quitarte las armas: antes o después querrá matarte o que te maten. Las armas delante hasta que el diálogo las haga caer al suelo, porque por amar y salir desnudos al campo de batalla: morimos. La protección no es división, es prevención, ni tampoco es guerra, es experiencia, y tampoco es miedo, es futuro.
Lo mejor es saber que queda futuro, que queda sueño y ambición, y que quedan para hacernos mejores. Porque el que no ha mejorado no ha evolucionado ni ha permitido cambio.
Creo que no hay autismo; quizás un estado extremo de lo contrario: hiperalerta con ojos cansados, quietos, que miran a un punto fijo. La persona quieta, el cuerpo inmóvil o lento, carácter aprendido. Sé que no hay autismo porque el niño empieza a llorar cuando el resto de personas empiezan a hablar más alto, y yo me doy cuenta. Me doy cuenta de cómo bajan la voz tal vez para escuchar a la otra mesa: conversación cruzada, vidas cruzadas. La curiosidad prostituta, la necesidad de abrazo libertino. Pero una educación mal educada, una ignorancia más bien, pero unos muros infranqueables, guías, and two path besides on fire. Todo lo que no conocemos será etiquetado de enfermedad, de locura, de equis, o de olvido. Evidentemente que no se puede enseñar lo desconocido.
Desde que escribo el pensamiento y no lo pensado, todo me parece más desordenado, pero más real, más sincero. Y es más importante entenderme que ser entendido. El egoísmo es un concepto en el que necesito a los demás; cuando estoy solo no existe. Después, cada uno, entenderá lo que quiera entender a gusto. El mismo mensaje puede sanar, perjudicar y ser indiferente en diferentes momentos de la persona. La conversación es plástica e inestable.
Todavía sigue en pie esa creencia absurda que las palabras son morfina o terapia. Por venir la razón fría luego desciende, cuando el físico descansa, se para. Escalones de calma hasta la visión (es lógico no entender lo que con la razón no se entiende).
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Te guste o no soy un rincón, un café y un cigarro. Soy hoy, pero mañana es mejor no decidirlo tan pronto, quizás esbozarlo, pero no decidirlo. No cambio mi calma por la cocaína, aunque no lo entiendas. Y tal vez no sea yo el único drogadicto en esta conversación acristalada. No me gusta excitarlo, lo entiendas o no. Mi enorme justificación es lo que a ti te falta. Lo que a mi me falta tampoco me ha destrozado la vida.
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No te preocupes, simplemente haz lo que debas hacer para estar bien, pero no sufras. Porque sufrir se relega a aquellos que quieren estar perdidos.
Me alejo, salgo pitando. Cada una tiene su personalidad; es cuestión de tiempo acoplarme a ella. Hay algunas que tardan siglos en comenzar; otras, sin embargo, comienzan antes de lo esperado. También pueden ser como instrumentos musicales: hay que saber soplar la cantidad de aire exacta. Incluso el propio instrumento se hace a la boca de quien lo sopla. A veces me planteo tanto que se me olvida al segundo lo que me planteo. Sí, chata, una afluencia de ideas sin conexión, pero una afluencia real, tal cual, ligada por una cabeza o bien loca o bien normal. Es que me gusta jugar con la mente. Soy un escritor que además piensa, y son dos cosas muy separadas. Me paro. Tengo dos sensaciones negativas: la más reciente es que no sé dónde colocarla: si sobre la flexura del segundo dedo por fuera o bien en la tabaquera anatómica junto al pulgar. Es jodido. Pero la otra sensación, que creo que es la que más me duele es que pierda tinta por el camino y que la recupere de golpe, de manera súbita. ¿Ya sabes de qué hablo? Hay que escuchar en contexto. Escuchar en contexto es una manera más pero diferente de escuchar. No todo el mundo escucha en contexto. No escucho todas las palabras seguidas, sino ahora una y después, más tarde, otra, al azar. Al mismo tiempo busco el por qué más real de lo que se está diciendo. La gente habla mucho para decir una sola cosa y muchas veces no sabe lo que quiere decir realmente. Como no hay una presentación, un desarrollo o un desenlace no puedo poner un título claro y objetivo o definitorio del escrito, así que, para Pensatiempos: o le pongo un número como a los de Naturalment o bien algo así como: La Pluma Que Rescaté Antesdeayer Por Dieciocho Con Cincuenta.
No consigo encontrarle la presión exacta a la pluma. Y no sé si tener paciencia o que se me acabe ya. Igual el problema no es mío y es de ella. De todos modos, me va gustando esa mezcla de letras sin acabar, a medias, con esas otras letras demasiado marcadas. Tal vez el criptógrafo encuentre en ellas mi verdadera personalidad: mierda, ¡qué miedo! Igual tengo que cambiar mi vida por un diagnóstico; igual odio la medicina y salgo corriendo y salgo pitando. Bueno, como siempre: sigo escribiendo. ¿Saben algo? Uno acaba siendo lo que se repite día a día. Así que, si hoy me digo “soy gilipollas”, y mañana y pasado y al otro me digo que soy gilipollas, ¿saben cómo voy a acabar? Eso es, muy bien niños. ¡Menuda educación que recibimos (en el pasado)! ¿Alguien sabe la educación que reciben los niños (en el presente)? Creo que sólo lo saben los padres que tienen niños en el cole, pero ¿saben los padres, de hoy en día, qué aprenden sus hijos en el cole? Mierda, qué crítico soy…
Cuando las campanas tocan las siete de la mañana uno se preocupa, pero menos si no es la primera vez. Yo digo cosas interesantes así. Duele dos veces si las campanadas de las siete se repiten dos o tres veces (las siete). Repica mi corazón con ellas porque soy el único habitante despierto de todo el pueblo, incluso los yonquis duermen. Repica más porque parece que duermo al lado de ellas, como el Jorobado de Notredamme. He recordado que me gustaría saber otras lenguas, porque así quizás esta pluma funcione mejor.

