Pensatiempos – J. L. Andreu Berzosa » 2009 » Octubre
Camino como quen non ten xa nada que perder, porque xa o perdeu todo. Podería a xente camiñar a ámbolos dous lados da estrada, cubertos con paraugas, e eu polo centro, deixando caer as gotas de choiva polo meu rostro, naturais, penetrantes por tódalas partes; e estando empapado non son consciente de elo, nin me importa se algunha vez o son. Camino amplo, perdido como o que asesinou a alguén e camiña sen buscar nada, esperando nada, pero medio atento por si alguen recoñece o crime e lle atrapa, aunque tranquilo porque o crime é demasiado recente como para ser xa recoñecido. Sentado no primeiro banco do camino, fumo. Penso na miña vida como se fora un libro de literatura, penso con pensamentos de novela. Leín e vivín dentro dun libro; reproducilo despois é cuestión de pouco; son o actor do meu propio libro, actor e autor la miña vida, a cal escribo día a día. Debuxo coas palabras que é para mi un pracer, e as veces hasta debuxo palabras.
Ahora lo entiendo, porque desde mi origen en el mundo permanecía la información cifrada como tantas otras cosas. Soy algo que se mueve a merced de una multitud de puntos que sostienen hilos transparentes anclados a una pared. Desde lejos la pared es diminuta, desde lejos los puntos no se ven. Mi voz inicia siendo un ladrido desde allá a lo lejos, y cuando llega a sonar por mi boca ya se ha convertido en palabras, en casi una poesía. Estoy en el tiempo y en el espacio, pero con un pensamiento, con una imagen, puedo llegar al ayer y al mañana, estando en el hoy despierto; y sin sentir el suelo nuevo bajo mis pies puedo simular la roca o el hielo en la parte más baja de ellos. Puedo arrugarme la piel sobre mi rostro joven, y enlentecerme el pensamiento, y deslizar las gafas sobre mi nariz hasta su punta: puedo imaginar que ya estoy muriendo, y no quiero, y no quiero. Puedo verte corriendo por la arena de la playa, joven, tierna, perfecta. Puedo verte libre, fantasma, recuerdo fantasma, mentira. Tantas cosas puedo. Y me despierta la luz de las formas de las palabras, sexo, viento, y la mentira se enrolla transparente como papel largo de celofán, se envuelve a través de mi línea del tiempo; cárcel, tumba, silencio. Una lima para la escarpada montañosa, para disimular y ponerme recto, y por dentro un viejo encorvado, pero ni viejo: una forma virtual, difusa, voluble como una bola de agua flotante. Sueño. Un abrazo a un desconocido, una lágrima. Las lágrimas no tienen sentido: el ojo llora cuando está irritado y seco, el nervio transporta la electricidad desde la corteza, la corteza se dispara sin sentido, a sus anchas, sin lógica. Y en el camino una cama elástica para saltar al cielo, un cielo que está en el día a día. Quizás un dibujo para el que lee y es artista, un enigma para el psicólogo, una canción para el obrero, una profecía para el sacerdote, una línea para la abuela, otra historia para la prostituta, teratogenia o estimulación para el desarrollo. Palabras. Energía y agujeros negros que absorben la energía de la pantalla, se la comen, la escupen, la arrugan, la atraviesan. Salen de las dos a las tres dimensiones y se tapan con mis uñas, por el eponiquio, suben con la sangre pasando la muñeca, los brazos, el cuello, la boca, y desde allí hasta el teléfono y la línea, donde vuelven a ser electricidad. Palabras.
Ahora lo entiendo: una imagen guardada en la memoria, una persona. Todo lo vivido, lo compartido, es enlazado. Lazos de hierro, que no se rompen, duros, de piedra. Pero un pensamiento lipídico, soluble, intercambiable, un rayo de luz, una esperanza, láser de calor, una necrosis, un olvido. Físico y químico: tan fácil pero nunca tan sencillo. Dos puntos y a parte o todo seguido. Una línea continua o cien millones de estrellas de una sola galaxia. Un laberinto a fin de cuentas. Todos hablan o levantar el brazo. Lo antiguo que choca con lo moderno, lo moderno que se pierde en un vaho blanco de tiniebla, o en vapor de agua. Translúcido o mojado y sucio. Ahora lo entiendo: sólo quise decir tres cosas. La duda resuelta, la primera. La segunda: lo explico y me pierdo. La última, casi siempre la más sincera, por ser la más clara, la más veterana por más tiempo: no quise enlazar más imágenes conmigo. Ahora camino con una menos, más liviano, más ligero. Con una más hubiera caminado con más peso, más preso, más dolido, más perdido, más ahogado, más jodido. No sé si la potencia de dentro leyó en el futuro. Es posible, para el soñador, el milagro.
Una constelación nueva, una breve, pero una. Vive la hormiga hasta que es chafada. Si no sale a la luz igual puede vivir diez años. Saliendo a la luz una u otra vida le espera. Puedo, de nuevo, imaginar lo antiguo bajo mis dedos y sentir casi el recorrido completo. Hubiera sido bonito una de esas antiguas máquinas de escribir…
No es mi primera vez: todavía mantengo alguna cicatriz entre los nudillos de la última vez. Quizás necesite el dolor y la locura, es decir, la droga del amor, es decir: su química. Soy un yonqui de las morfinas endógenas, aunque puedo abstenerme. Hoy acaba pero hoy empieza. Cada uno debe pelear su propia guerra. ¿Contra quién luchamos hoy, Fúser?
*
Deseas vivir cosas no por vivirlas, por ese placer, sino para sólo contarlas después. Yo vivo para vivirlas y pensarlas. Cada vivencia pasa a formar parte de mi piel y todo quedará expresado sin ser dicho.
*
No haber establecido me roba la edad, y hacerlo así me alarga la vida.
Es muy problable que me aleje contigo de tumulto de la vida, que por obligación vivimos, para comer y para hablar. Yo, cansado del tumulto, e ideando desde la química cambiada por la glucosa descendida, te comentaré las nuevas locuras. No podré evitar sentir que hablo con las paredes, o bien antes o bien después. No creo que nacieras para seguirme en todo momento y a todas partes. Que quizás la separación hasta sea buena; y no podré dejar, a veces, de sentirme mal por odiarla. E incluso me sentiré bien por tenerla, a veces. Y luego nos iremos a dormir, cuando la jornada acabe, con los secretos callados, exhaustos de cansancio. Y dormiremos por necesidad, y agradeceremos el descanso. Quizás yo necesite tu abrazo cuando estés ya dormida, y tal vez mañana nos pase al revés. Y así, pueden pasar nuestros días…yo, en mi hipoglucemia, sigo preguntándome la importancia de una coma en un escrito…
Lo que me duele es la imposibilidad de realizar el sueño; pero debo ser realista: es un sueño que no está demasiado estudiado. Podría no tener fundamento ni estar sujeto a nada. Así que es eso: un sueño, y como tal no merece la pena la tristeza.
*
La gente se agolpaba entorno a algo. Se apretaban unos contra otros. Como siempre, llegué el último. Intenté mirar hacia el centro del bullicio, pero soy bajo. No me dejaban mirar. Asomaba yo la cabeza por uno y otro lado, pero no conseguía ver nada.

