Pensatiempos – J. L. Andreu Berzosa » 2009 » Septiembre
Supongo que hay que saber perder. Muchas veces uno sólo tiene una oportunidad, muchas veces hay que plantearse si merece la pena jugarla. Saber perder podría ser un valor, pero ser un perdedor a uno no le hace mejor.
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Gracias noche por brindarme este poco de viento. Que a esta cabeza le falta oxígeno, que todo lo gasta. Gracias bolígrafo por no derretirte y permitirle a la mano moverte movida por el calambre del pensamiento. Esta espalda no lo puede sujetar todo: a mi también me estallan las vértebras y las costillas. Este corazón no lo aguanta todo: estas válvulas se pudren cada día un poco más. ¡No me pidas más de lo que puedo dar!
Es posible que dedicaras una vida entera a buscarlo, pero no existía: hoy he hablado con dios y me lo ha negado. Quince años guardándolo para quemarlo; no hay nada que tenga valor. Buscando el tesoro en todos los mares del universo no sabía que estaba dentro de mi bolsillo.
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Cuando mire hacia atrás no podré sonreír con la mirada pícara, porque me la robaron. Si no me la robaron me obligaron a no tenerla. Así que agacharé la cabeza y seguiré caminando, pensando en qué vivencia me hará recuperarla.
El rechinar de los muelles de la cama, pero inmediatamente después el rodar del tambor de la lavadora. La corrección de la ortografía y las líneas cuadriculadas de las hojas de cálculo para escribir recto. Los cuadernillos de verano, pinta y colorea. La obligación siempre rondando, la pulsión de la literatura como dos corchetes, un kit-kat, la publicidad y los publicistas en paro. La mentira siempre es una opción. Un discurso indio, frases y punto, frases y punto. Podría escribir un libro entero en una sola larga noche, stop. Los anglicismos y la Unión Europea, y el euro magnífico y moderno. Actualidad e internet: mierda para los periódicos de papel, un susto para el escritor, una paja para el informático. La Depresión Respiratoria (la propia, el pulmón seco y la ventana cerrada para que no entre el ruido). Me cago en el superyó freudiano, en la norma, pero también en la gente que no sigue mi ritmo. Ellos se cagan en mí algunas noches, pero sólo algunas gracias al superyó que me hace hacer (dos veces) menos ruido. Aprendo rápido todo lo que no me estimula, porque lo rápido no queda en la cabeza nunca. Una carrera por el desierto, quizás esperando a que salga la serpiente, The End, The Doors. Libre afluencia de ideas, de nuevo Freud (perdonen la cultura, estoy despierto porque estoy aprendiendo. Antes confundí términos que ya he corregido). Tal vez sí que quiera más, más masturbación mental: volar azaroso de destellos. Poesía, ella siempre en su puto rincón negro: ¡sal de casa! ¡Acuéstate conmigo que para eso creo en ti! Ups, perdón…Que eso, que hoy quería escribir sobre mi atrapamiento en el sistema. El sistema dice que la droga engancha y él tira del mismo modo. Su efecto es más potente que el efecto de la droga; y nadie se da cuenta. Los coches y sus ruidos, las paredes de papel, la ducha después del coito, ¿racionalizar al animal o animalizar a la razón? Que tan sólo una preposición podría cambiar el mundo, y si no tanto, al menos, un escrito o una línea o una pregunta (me hice pequeño en la idea). Más sistema: los megáfonos, los micrófonos (dos tetas), el amor (telenovelas, teleseries, DEC -¿Dónde Estás Corazón?-). Un pringado (con de final) criticando, un gilipollas que se repite, unos garbanzos de la suegra en la casa de campo…¡joder, cuántas imágenes! Pero espera, que podría estar una larga noche entera escribiendo. Mañana saldré en los periódicos.
P.D. Perdón por algunas palabras que hieren la sensibilidad del lector (usted), es una cuestión entre ello-superyó, una guerrilla. También podían habernos enseñado (tres juntos) a que las palabrotas no hicieran daño como agujas, pero así nos lo han enseñado a los alumnitos de colegio de pago. Pero también es cuestión de educación pedir perdón después de haber herido (aunque hay personas orgullosas que no se dan cuenta que hieren y, evidentemente, no piden perdón después -pero no quiero que sea mi caso-).
Inconscientemente lucho por volverte a tener, porque estar contigo significa estar bien, estar cómodo, rebosar de placer, disfrutar de la literatura, seguir aprendiendo de todo, tener tiempo y no estar pensando en su pérdida y su velocidad. Te echo de menos y sé que tardarás en volver, y que tal vez no vuelvas nunca. Nunca creí en los tópicos y siempre huyo de ellos, pero Carpe Diem resuena en mi cabeza. Lo cumplí y lo seguiré cumpliendo. No puedo estar triste porque no estás ahora: estoy feliz por haberte tenido. Sólo que me va a costar empezar esta nueva vida que, de momento, no me aporta tantas cosas buenas como cuando estabas conmigo. Ya he empezado a perder, que supongo que es lo primero que sucede antes de ganar alguna cosa. Yo gano poco muchas veces, pero al menos gano algo. Empezar cuesta demasiado y más si se empieza perdiendo, pero espero que sea para ganar algo: hoy estoy perdido.
Estaba acabando las mudanzas cuando conocí a la vecina de enfrente. Se llamaba Luisa. No sé, la vi un poco sola. Durante los cinco o seis días posteriores conocí a Pedro, Paqui, Miriam y Fernando. Como yo vivía en un loft, supuse que el resto de casas no serían mucho más grandes. ¿Tendrían más familia? Cada uno vivía en un piso diferente y yo no había visto a nadie más moverse por el edificio. Era el edificio de los solitarios. El destino nos había juntado.

