Diechiocho Y Diecinueve
El gran problema de hombre es no desenrollar nunca su madeja de hilo interna, y también no acabar de desenrollarla cuando ha empezado a hacerlo. Si tienes que hablar: ¡habla y no calles hasta la muerte!
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El toro venía por el final de la calle, ya se veía. Yo intentaba correr pero, con aquellas bolas de hierro enganchadas de los tobillos, no podía hacer nada más que dar pasos. Y mamá ya me lo había dicho: no tenía sentido jugarse la vida. Pero allí estaba yo, loco ingenuo.
agosto 28th, 2009 at 13:31
me gusta esta entrada!=D
agosto 30th, 2009 at 11:58
Gracias maktub! Pues creo que las dos ideas tienen mucho que decir. Reprimir nunca fue bueno. Y supongo que algunas locuras deberían ser pensadas antes de realizarse, aunque la sinrazón es lo que caracteriza una locura la mayoría de las veces, no? Besos