Me lanzabas dardos desde los ojos a los ojos, a los hombros, a las manos. Después de no haberme equivocado nunca me equivoqué dos o tres veces. De alguna manera tenía que pagarte tu No: yo también soy persona.

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No quería escucharte: me hacía demasiado daño. Romper una ilusión cuando se ha creado es de las más árduas y tristes de las tareas.

El gran problema de hombre es no desenrollar nunca su madeja de hilo interna, y también no acabar de desenrollarla cuando ha empezado a hacerlo. Si tienes que hablar: ¡habla y no calles hasta la muerte!

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El toro venía por el final de la calle, ya se veía. Yo intentaba correr pero, con aquellas bolas de hierro enganchadas de los tobillos, no podía hacer nada más que dar pasos. Y mamá ya me lo había dicho: no tenía sentido jugarse la vida. Pero allí estaba yo, loco ingenuo.

Más de cinco litros de morfina y buscando la enfermedad; para estar más sano que nadie, o mejor: para estar más sano que nunca. Pero hasta algún momento incierto sigo fecundando la tierra con agua sin que crezcan plantas, y en ella pienso que fecundo las flores más hermosas. Continúo agitando el hierro y los otros minerales hasta hacerlos espuma que queda sobrenadante en la tierra fértil. Sueño con ellas, despierto con ellas, vivo alucinando y tenso, enfermo terso. El tiempo se me escurre entre las piernas y me suda el reloj sobre la madera. Me encadenan las palabras en una piscina libre, de agua fría en el verano más caluroso. Mi edad se esparce como lo hizo el pensamiento, y es que podrían ir juntos. Todavía no soy mayor, igual dentro de dos años. Encuentro el aroma tras el doblar de cada espejo, y me sorprendo lamiéndolos sin saberlo sabiéndolo poco después. Se me secan los bolígrafos y me escupen de las iglesias sin llegar a entrar y lo entiendo y casi nunca lo critico. Todas las verdades tienen verdad y magia. No hay mayor sinceridad que el saberse vencido y enamorarse de la calma; triste huída de la guerra. Puedo oler petróleo en lugar de pólvora y estaría igual de excitado. Cuando quieras me cortas las alas que no tengo, que mientras pueda, sin que me dejes mañana, volveré a enamorarme de mi calma por vencido…

Me siento tremendamente bien, pero la sensación me dura segundos. No hay tiempo en mi cerebro para el placer. No hay placer hasta que la victoria sea abrumadora. Loco competente. Son tan rápidas las ideas que no soy capaz de hacerlas conscientes. ¿Por qué no debería malgastar mi tiempo con P? ¿Por qué no creer en ella? Delante de mi barriga tengo que crear un pozo sin fondo. Un pozo con estanterías de colores. Que en cada color entre un tema diferente. Nunca es tarde, viejo amigo, para nacer de nuevo. Quema el plástico duro para hacerlo blando, para darle una nueva forma. Vamos, querida P, a investigar conmigo. Trabajaremos Al Hombre con uno de ellos. ¿Hasta dónde quieres ser capaz de llegar?

Mamá ha permitido que su arbolito siga creciendo y de pie en el mundo. El arbolito quiere darle las gracias por la suerte de seguir viviendo.

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Mi piel metálica, brillante y fría choca contra las paredes del laberinto. No puedo ver más allá de las paredes; no veo las grandes manos que mueven el tablero. Pero ya he sorteado los primeros agujeros, los primeros miedos. Ahora se erigen delante de mí grandes estatuas que me impiden el paso. Esquivo una, esquivo otra. Ya me encuentro cerca del fin, pero queda un agujero…