El sábado se transforma en el día que más pena da. Las cabezas se levantan después de cinco días mirando a las piedras, al polvo, al suelo. Preferiría que siempre se mirara al mismo sitio. Mientras Carlitos duerme, mamá sale a la calle vestida de cuero y llama por el móvil. En el restaurante camina por la puerta de un lado para el otro. Cuando pasa al lado de un joven le aspira con la nariz cerca de su oreja: es un guiño. Ella es joven y quiere serlo.Él ha parado su marcha poniéndole el brazo en el vientre. Ella se ha sorprendido sólo un poco, y su cabeza podía imaginar ya la escena, en pocos segundos. Juntos han entrado en el baño de mujeres. Como él no ha mirado hacia atrás, ella ha pensado en los cientos de veces que él había entrado en un baño de mujeres. Él ha alargado dos líneas de ese polvo de muerte en la tapa del báter. Ella tenía hambre, o eso le dice, pero más bien no quería hacerlo allí, en ese baño maloliente. Él, extremadamente caballero, ha accedido a cenar sentado, incluso a pagar las dos cenas. Se han mirado sólo dos o tres veces a los ojos, pues la emoción mengua a los treinta y se convierte la vida en una rutina. Ella ha sentido nervios, él estaba indiferente y demasiado tranquilo. Ha mirado a todas partes porque acababa la cena y él no había hecho nada más que pedir una copa de licor de almendras. Ella cada vez se sentía más excitada y se acordó de sus dieciséis años, y eso no le gustaba: que las situaciones le vencieran era de la peor de las sensaciones. Él bebía su copa mientras fumaba su cigarro de tabaco liado. Disfrutaba, era bueno y no hacía nada por demostrarlo. Ella lo miró con  la mirada de quiero que me desnudes pero él le devolvió una mirada de silencio. Ella probó con dos o tres miradas de significado diferente. Él no respondía nada. Él cogió una servilleta de papel, escribió algo, puso cincuenta euros debajo, se levantó y se fue sin mirar atrás.

Somos, Todos Somos
19 de mayo de 2009
(juntos, no juntos)
 
 En esta cadena de la vida:
Hay eslabones de piedra
Hay eslabones de papel
Hay eslabones de arcilla.
Hay eslabones de humo
Rodeados de misterio y de conjuros.
Hay eslabones de miedo
Envueltos de pesadillas
Y eslabones erguidos
Y eslabones que pasan de puntillas.
Hay eslabones rojos de furia
Y azules de paz
Y verdes de esperanza.
También hay eslabones
Doblados por la risa
Y oxidados por el tiempo
Y mal hechos por la prisa.
Hay eslabones que resisten
Y eslabones que salen corriendo;
Los hay enanos y enormes,
Plateados y dorados,
Finos y gruesos,
Hay eslabones derretidos por el fuego
Y eslabones ardiendo
Que no morirán en el intento.
Hay eslabones que callan
Y los hay que escriben
Y buscan y encuentran
El punto de unión de todos
En esta gran cadena.