Me pregunto si no tener nada que hacer es demasiado malo. Pienso en esas libretas llenas de palabras, de dibujos, de rayajos. A veces la intimidad está estallada, y a veces al paciente no le importa. Hay una vida entorno al que espera. El paciente de verdad es un constructor de una burbuja invisible a su alrededor; otras veces se construyen mundos imaginarios con el color que a veces salen hasta la realidad desde el papel de la libreta. Al ajeno le invade el silencio por completo y al conocido le envuelven los trabajos y los asuntos sociales. Para el extranjero cada sonido es un mundo y cada uno tiene vida propia. El punto de mira siempre estará cerca de objetivo, por más que éste se mueva. Salir del perímetro de peligro es cuestión de sólo los más rápidos y voraces.
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