Pensatiempos – J. L. Andreu Berzosa » 2009 » Febrero
Parece ser verdad y nadie lo ha probado, tal vez nunca. Parece que el joven se hace adulto, por su imagen. Poca gente se vuelve mayor y muchos envejecen. Me has regalado un camino, y no todos los regalos son buenos, pero tal vez no todos los caminos que yo elijo son buenos o correctos. En esta carrera se trata más de aparentar que de verdades. Supuestamente yo seré yo cuando me acueste contigo; lo más seguro. ¿Y tú? Supongo que me sigue dando miedo escribir como me sigue dando miedo ser médico: el orgullo es la columna vertebral de la mentira, en un principio. Hace falta mucho para que mi orgullo sea potente y real: son demasiados libros, muchas conversaciones, infinitas reflexiones de voz interior, miles de escritos; y también miles de pacientes, millones de dudas, demasiados errores hasta poder aprender. Las cosas más simples pueden ser incomprensibles y las más complejas las más razonables. Tenías razón: hay que preguntar, pero ¿hasta dónde?
Ahora me doy cuenta de las putas paredes frías que me separaban del resto, pero que me siguen separando. Las personas somos algo más que eso que está al otro lado, las personas podemos ser una gran familia. Supongo que es la fe la que a uno le mantiene en vilo sin dormir o pendiente del acúmulo de frases: una más una más una pueden formar un todo. El mensaje ya es otra cosa. Me gusta porque el juicio es unívoco pero retroalimentado positivamente: uno y único, yo. Y en la manifestación pierde el sentido.
Ya estaba escrito, como que todo transcurre en otra dimensión y vivimos en otra. La vida es como el efecto de una droga y llamamos a la droga normalidad.
Efectivamente, con toda la seguridad, no aparecerás por Pensatiempos a buscarme por que yo no tengo nombre; mañana tampoco tendré cara, tal vez ya mismo. Mientras yo conozco a uno tú conoces a cientos, es lo que nos diferencia. Yo recordaré a menos porque son menos a los que tengo que recordar. Y todos podríamos ser lo que yo quiero ser mañana: algo que todos somos. Quizás me he ido a lo más sencillo.
A mí me rodea tu olor, el mismo de siempre pero el tuyo. Yo sufro despersonalización y ya empiezo a aceptarlo; no importa, porque la realidad si te importa te vence y si no te importa no duele. Tengo que apartarla a un segundo plano.
Has sabido reconocerme al instante y no es cuestión de conocimiento, es cuestión de realidad. Todos somos rápidos y listos; sabemos reconocer al enemigo y lo encasillamos velozmente. A mí no me duele mi realidad, porque es mía, y no envidio ninguna realidad porque no es la mía. Se trata de un orgullo neutro.
A mí lo que me duele es el tiempo que te tengo en la mente y que no te tengo delante al mismo tiempo, porque a fin de cuentas no estás. Me duele tener que volver a dirigirme yo, que no seas tú la que me dirijas a cualquier lugar, que supongo que es eso a lo que has venido. Me duele que intentar lo contrario, a veces, o muchas veces, sea contraproducente o aburrido o insulso. Me gustaría ser artístico, diferente, elocuente, pero sólo lo soy durante segundos, los mismos pocos que dura nuestra conversación.
Claro que queda mucho que decir, pero hay que querer decir. Yo he buscado en el silencio la perfección pero es más perfecto poder compartir lo poco que sabemos, y más seguro estoy de lo poco que sé yo, y tú estarás segura que sabes menos que yo…
Miro a P. de reojo, y gracias que la tengo cerca porque estoy perdiendo ya la vista. ¡Me estás olvidando!, me dice indignada, y tiene toda la razón. Me estoy perdiendo en un largo silencio. Los que establecieron las normas de la gramática me están encarcelando a través de sus normas, y los que establecen otras leyes también lo hacen, y así ya no sé lo que pensar: ya no sirve el amor propio, no me lleva a ningún sitio; amarme no me hace mejor que otros. La libertad del pensamiento no le hace a uno más libre ni más potente, y quizás sí más solitario.
La suavidad de las manos de P. es, posiblemente, de las vivencias más placenteras, y es una lástima que tenga yo de plástico las manos, porque siento menos que el plástico e imagino más que la locura. Decírselo a P. no la va a hacer cambiar nada: el amor no se pide, tal vez es lo único que no se compra, quizás sea eso dios: no lo vi nunca y creí toda la vida en él…qué triste, y que me perdonen todos los crédulos engañados; yo empiezo a perdonarme a mí mismo.
Todos los No recibidos me han ayudado a dejar esta droga: gracias por ayudarme a dejar de escribir, me estaba quedando ciego con tanto sentimiento suelto. Ahora empiezo a no sentir nada y ni tan siquiera pienso para no perder el tiempo. Es un placer no saber quién soy y gustarle más así a la gente. La guerra es contra el fuerte y no contra mí, así ni salgo corriendo ni pierdo.
Pero empiezo a entenderlo de otro modo, el mejor hasta hoy. El fin importa aunque es desconocido tantísimas veces. Yo lo que intento es darle la vuelta a los ojos, hacia dentro. Los medios cada vez son más raros, más inconexos, casi irracionales, como cuentos de fantasía, como dios o como mensajes en clave: millones de letras sin aparente sentido.

