Ahora sé lo que te costará estar en ese espacio donde las palabras no tienen sentido, allí donde sólo son comprendidos los símbolos.
Te he regalado demasiado tiempo; he llorado. Te he mantenido a mi lado queriendo y sin quererlo. He luchado contra los míos en tu defensa; pero nadie sabía quién eras. Podría decir que tampoco sé yo quién eres aún estando tanto tiempo contigo.
No me absorbes y creo que deberías hacerlo; todas las locuras absorben, como el amor, y yo no estoy enamorado. Encuentro cosas que me abstraen y marcan esa diferencia contigo.
No sueño contigo y estoy seguro que cuando lo hago lo evito: cuestas demasiado trabajo y no tienes fin. Querría sentirme seguro a tu lado, pero así soy el hombre más perdido del mundo.
No me muestras ningún futuro; tu futuro es incierto. Construimos castillos en el aire y contigo eso no es del todo bueno: no hay magia, no hay esfuerzo.
Haces de mis errores mis banderas o mis pesadillas o mis caídas en los agujeros. No hay perdones por ellos sino silencios; silencios sin abrazos y sin caricias. De mí hacia ti suele surgir la rabia y me entristezco por lo que a mí respecta, por lo que en mí subyace.
Cuando nos vemos sales corriendo y salgo corriendo; cuando salí de casa iba a buscarte sin miedo. Supongo que me das miedo y me da miedo el tiempo perdido, y me da miedo porque es imposible que pueda olvidarte: olvidar sólo puede ser dicho. Tengo un presente inerte y un futuro sin adjetivo.
No me dejas cogerte, no puedo disfrutar de tu cuerpo, eres inasible como el mercurio, no estás y te tengo presente. No tienes respuestas ni agradeces; no puedo hablarte ni hablar de ti puedo con nadie…
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