Durante los primeros días de enero, ya pasados, Pensatiempos cumplió Tres Años. Llevo tiempo culpándome por abandonar la literatura, y lo siento. La literatura, como la medicina, son dos formas de vivir. ¿Por qué habría de ser la medicina menos poética? Por estudiar la enfermedad he descuidado el placer de escribir, pero merece la pena, y sigo escribiendo. 
          
No voy a perder la tradición de los números de Pensatiempos. Durante tres años hemos compartido ya trescientos escritos (este número lleva el actual) o bien trescientas entradas, dado que añadimos algunos videoclips y algunas imágenes. En la familia de pensatiempos somos los que somos, veintiséis si no recuerdo mal, y me agrada que los últimos mensajes sean de personas más nuevas, aunque también están presentes las personas veteranas. Bien. En dos años se ha descargado diez mil veces la página que nos une con unas seis mil trescientas personas diferentes entrando a verla (de las cuales estamos los que formamos esta gran familia). Estoy contento. Creo que hemos conseguido algo grande, que nunca hubiera imaginado, pero lo mejor es que, simplemente, seguimos. Y seguimos viéndonos en Pensatiempos.

            Ahora sé lo que te costará estar en ese espacio donde las palabras no tienen sentido, allí donde sólo son comprendidos los símbolos.
           
Te he regalado demasiado tiempo; he llorado. Te he mantenido a mi lado queriendo y sin quererlo. He luchado contra los míos en tu defensa; pero nadie sabía quién eras. Podría decir que tampoco sé yo quién eres aún estando tanto tiempo contigo.

           
No me absorbes y creo que deberías hacerlo; todas las locuras absorben, como el amor, y yo no estoy enamorado. Encuentro cosas que me abstraen y marcan esa diferencia contigo.

           
No sueño contigo y estoy seguro que cuando lo hago lo evito: cuestas demasiado trabajo y no tienes fin. Querría sentirme seguro a tu lado, pero así soy el hombre más perdido del mundo.

           
No me muestras ningún futuro; tu futuro es incierto. Construimos castillos en el aire y contigo eso no es del todo bueno: no hay magia, no hay esfuerzo.

           
Haces de mis errores mis banderas o mis pesadillas o mis caídas en los agujeros. No hay perdones por ellos sino silencios; silencios sin abrazos y sin caricias. De mí hacia ti suele surgir la rabia y me entristezco por lo que a mí respecta, por lo que en mí subyace.

           
Cuando nos vemos sales corriendo y salgo corriendo; cuando salí de casa iba a buscarte sin miedo. Supongo que me das miedo y me da miedo el tiempo perdido, y me da miedo porque es imposible que pueda olvidarte: olvidar sólo puede ser dicho. Tengo un presente inerte y un futuro sin adjetivo.

           
No me dejas cogerte, no puedo disfrutar de tu cuerpo, eres inasible como el mercurio, no estás y te tengo presente. No tienes respuestas ni agradeces; no puedo hablarte ni hablar de ti puedo con nadie…