¡Necesito escribir! Con ambas manos cojo la esquirla y con los dos ojos la miro. La muevo despacio. Quiero recuperar el tiempo perdido y qué mejor manera de hacerlo que perdiéndolo mirando una esquirla. Puntas, salientes, voluptuosidades, bultos, tumores, quistes…empiezan a fallarme los ojos, comienza a dormirse la mente despierta para dar paso a la ilusión: está allí el punto negro. Un pensamiento puede llevarme a cientos: y no sé si es rápido o quizás demasiado lento, pero es probable que ambas cosas. Sigo manteniendo la preocupación por la mente del resto: me importa todavía la lógica y la cohesión. Quisiera empezar a pensar en mí mismo y dejar de pensar en lo de fuera. Loco y ausente me fue mejor que ahora, que despierto y social. Que yo soy locura y no soy yo. Que me gustaría pagar con flores o con poemas y forrar con euros mi agenda. Me gustaría ir a las vías del tren y chafar monedas; que me gustaría reírme cerca de tu oído, o del tuyo, o en el de quién sea porque no sé a quién quiero o ni tan siquiera sé a quién conozco; hoy dudo de quién soy yo. Me estoy cambiando y me estoy haciendo daño.

Fui el más tonto en el primer momento, y el mejor en el último cuando ya todos se estaban marchando por aburrimiento. ¡Que sólo fui el mejor para mí mismo! ¡Que no he aprendido nada! Y nado en mi mentira que es desconocida para el otro y conocida para el que espera, y lo demuestro en el laberinto de mis palabras que son el laberinto antes del blanco vacío. Es fácil escribir poesía porque la poesía no hay quien la entienda. Detrás de la poesía hay un blanco vacío; o tendré que aprender más sobre política. La política huele a pólvora y yo no soy el salvador, aunque así lo sienta: porque sensaciones son locuras y tantas veces por drogas. ¡Qué no hay máscara que valga la pena! ¡Qué me han vencido las normas! ¡Que por ellas he perdido! ¡Cuánto envidio al niño que mira iluso a todos sitios o al que se toca el sexo sin tiempo definido!

Soy sensible a lo nuevo.

Estoy descreyéndome a mí mismo.

Amigo, te pido perdón por todo el tiempo que no he estado contigo. Tenía que desaparecer algún tiempo. Seremos francos: pocas veces te gustó escucharme. ¿A quién le agrada un loco? Uff, no pienses tanto. Por eso, antes que seguir divagando, preferí el silencio. Y ya no sé si estás tapando el muelle o si estás abriendo el bote para que salga disparado y nos riamos todos. Pero no eres tú el problema, quizás tú no hayas cambiado y yo no haga más que seguir intentándolo…