Pensatiempos – J. L. Andreu Berzosa » 2008 » Agosto
En el espectro temático de la vida existen cuestiones mágicas, ilusionistas, ocultas, bonitas…pero también existen la economía, el dinero y algunas otras. No sé dónde albergo la soledad desde la que algunas veces escribo, por no decir que todas. Muchas soledades son elegidas y muchas son vestidas al azar. Me he aislado para pensar. En la cadena de producción en la que ahora vivo, no por mucho tiempo, no soy nada. Durante una hora puedo trabajar mucho o poco y económicamente valen lo mismo: poco. Lo ideal para algunos es hacer menos y ganar lo mismo. Si nadie limpia en casa, dado que nadie lo hace, mi mejor actuación sería no hacer nada dado que nadie hace. Si decido hacer lo que los otros se niegan a hacer soy tonto. Pero por unos y otros la casa sigue sucia. Creo que la metáfora de la limpieza metaforiza mi propia vida y los aprendizajes personales: si no hay nadie que limpia la casa seguirá sucia, así que debo empezar yo la limpieza; alguien la continuará y aún a malas la casa estará limpia durante algunos momentos. Mi profesor de filosofía me llamó masoca e hice catarsis de sus palabras con mi persona: acertaba. Nací para limpiar lo sucio, para quitar la hierba seca, para sanear lo enfermo. El trabajo sucio es mi trabajo; y no me puedo quejar porque nadie escucha, porque nadie lo entiende, porque es mi elección. La gente se queja de lo que otros hacen mal y resulta que ellos mismos no pueden hacer mejor lo que critican: criticamos nuestros defectos, que viene a ser una paradoja, una sátira o una broma de mal gusto. Por tercera o cuarta vez mi mamá me dice que soy antisocial, y pienso que si mis deseos de ayudar a la gente mentalmente floja, físicamente jodida, no son más que patrañas para llenar mi egocentrismo. Bien, no creamos más que cárceles dentro de una cárcel que es la vida. Y yo busco y quiero ser feliz y libre, y me parece difícil y de solitarios locos.
En la cadena producción soy un eslabón de mierda que no refuerza la cadena sino que parece debilitarla a veces; y encima, como no tengo potencia económica, no puedo opinar. Es decir, que sólo pueden opinar los que tienen dinero (qué triste para quien piensa así; quien piensa así más bien no piensa o piensa poco y mal). Total: que me he quedado con hambre, tendré que volver a sacar otro poco de dinero para la coca Light y el cortado con hielo de las mañanas, que mis opiniones no sirven porque no tengo dinero y que mañana viviré de mis propias opiniones -una gran incongruencia, pero una gran realidad-.
Contemplo cómo se alejan, en su murmullo, las palabras: me dejan. No existe la noche y el día es arduo, pesado, físico, sudado. La locura se apacigua cuando no hay pensamiento, tiempo. El arte se calla si es que alguna vez habló desde mí, aquí. Y quizás el nuevo aprendizaje pueda ser arte mañana. Hoy es simplemente cansancio, un contemplar el tiempo volando, un impedimento para la tranquilidad y el sosiego. Estoy despierto, pero estoy cansado y casi durmiendo.
Lo primero que vi fue un grupo de vincas sin apenas flores. Son muy femeninas, como la mayoría. Si no beben todos los días se encierran en sí mismas. Más suyas y difíciles son las murcianas, enredaderas del sopafix u otros soportes. Me enamora la soledad, firmeza y resistencia de las orquídeas, raíces de embrollo. Pensé en mi vida arrancando raíces de cactus ágaves pinchantes: hay que tocarlos despacio; duelen sus incoherentes mordiscos, pero coherentes en algunos puntos (le puedo encontrar lógica a los mordiscos: no toques si no quieres pincharte). Me gustan las begonias porque me recuerdan a la pintura, sus salpicaduras, y también los crotones y los coleus (los asocio más a hombres). Tantos nombres para ellas, para las begonias y tan de plástico sus hojas. Fueron los dracos como visiones psicotrópicas y son puras alcachofas sus brazos y sus formas. Son débiles los geráneos, y también son mujeres aunque su nombre lo niegue para quien así lo vea. No les soples a la cara que se les corre el disfraz y la pintura. Y abono para casi todas, que cojan fuerza, que sigan creciendo y trayendo retoños al mundo. Pero me dejo la claridad de las Anthurium, su brazo amarillo y su capa roja, y la red de la espaldera del ficus, y ficus hay muchos…nosotros tuvimos uno. Son remilgadas las petunias y las begonias de cierta clase, quieren sol pero no quieren asarse. Mañana vuelvo a verlas, siempre desde mi distancia.
Podrían llenarme y me llenan: conversaciones inconscientes, momentos. Son eso los amores de paso, las palomas de paso: momentos. Hay algunos que se hacen demasiado largos, otros uno los alarga porque quiere, otros se hacen demasiado cortos -en el mejor y positivo de los casos-. Algunas palomas de paso vienen desde país de catástrofe y te cuentan sus ojos el miedo, y tan sólo una mirada basta para hacerlo tuyo. Hay palomas que se cansan de serlo para cambiar de vida y ser cactus u otras flores: me miro las manos y tengo dulce savia y tengo sangre en algunos dedos. Pero mañana vuelvo: no sé si por necesidad o por deseo o por prisión o por ego o por ansia o por ambición; mañana vuelvo…

