Aburridas de una vida aburrida, hartas de no ser el centro de atención como nos habían enseñado, poseedoras de un don reconocido pero no explotado por nosotras, jugamos a la güija de los espíritus para sacar de lo invisible El Poder para ejercerlo en lo visible. Tenemos la ocasión porque somos el medio del Averno, uno de ellos, pero no sabemos que sólo uno. Pero como tenemos lo que queremos nos hacemos las frívolas que tan fácil nos resulta. Que a fin de cuentas: ¿no es el egoísmo el principal de los manifiestos en este mundo?           
La misión es fácil para tan agraciado obsequio: disfrutar al máximo sin ofrecer el deleite para que nadie lo disfrute, vencer al hombre, que eso es fácil, negarle las posibilidades convenciéndolo de su derrota, salir victoriosas para contarlo y olvidar, porque las penas no se hicieron para nosotras. A cambio: una vida con todo hecho, con el mínimo esfuerzo para conseguir y un bonito cuerpo para hacerlo.
           
Marcadas en el corazón y no tatuado o en la frente, actuamos día a día, sin descanso. Adoramos el sábado para destrozar en domingo, mientras, de lunes a viernes, preparamos el terreno para no fallar en sábado. Es fácil vencer y salir victoriosas: no se hizo el mundo para ser mejor o para ser distinto, se hizo para llorar, para cargar, para disfrazarlo de bonito. Pero por suerte sacamos de lo invisible el poder para ejercerlo en lo visible, y así ni cargamos ni lloramos, sólo lo hacemos por aparentar en la realidad lo que en realidad es distinto, más bien una mentira. Pero es la mentira una de las caras del poder, una aliada, una diosa, una maestra, que sin hacernos daño es capaz de poner en tela de juicio cualquiera de  los actos que aclarar no podemos, que escapan a nuestros designios.
           
Y salimos y vencemos, porque en un terreno en el que ya estaba todo vencido no se puede perder, además, con ansias de victoria la victoria es más plena y con beneficios. Ganamos alimentos, ropas, vicios, alcohol, música, viajes, joyas, caricias, risas, calor cuando hace frío, abrazos, sonrisas, espectáculos, hospedaje, vehículos, todo, de nada carecemos y todo tan fácil para tan agraciado obsequio. Cuesta poco mantenerlo; más cuesta limpiarlo de sudores, de malas palabras e ilusiones, de olores extraños, de hombres perdidos y perdedores…

Ahora que vuelvo de viaje del País de la Burbuja me doy cuenta que Pensatiempos ha cumplido dos años y medio y que no le he escrito. Además me doy cuenta que la desconfianza ha crecido hasta puntos insospechados. El trabajo es mucho más complicado de encontrar y cada vez tenemos menos dinero para gastarnos. Sólo cuatro salen de viaje aquí al lado, vamos al trabajo en bicicleta y cogemos el coche cuando es sólo muy necesario. Seguimos pensando lo mismo y nadie decide expresar lo que realmente piensa. Ahora cada vez vivimos más en casa y salimos menos a compartir. Que era así como lo vi hace años y hoy ya está pasando. Ahora salir a hablar cuesta más y nos quedamos en casa desde donde lo hacemos. Nos hipotecamos de por vida al dios del hogar. Ahora los antiguos amigos se acuerdan de lo que valía la amistad de sus antiguos amigos y luchan por recuperarlos. Muchas personas recuerdan los antiguos rechazos y les es más difícil devolver una sonrisa. Sí, hoy estamos más solos, más solitarios, y quien no creyó en la soledad que yo les comunicaba hoy les resulta más difícil de encajar. Yo estoy triste por acertar, pero tranquilo por haber construido durante el invierno. Ahora el verano es casi insoportable, el calor aprieta en la garganta, el cuerpo está más débil y la cabeza funciona más lento. El calor impide el movimiento; la cabeza pide el refrigerio que cada vez cuesta más conseguir. Supongo que estoy más contento porque soy más consciente y el tiempo así pasa más lento. Despacio voy haciendo, con lo que al final consigo más cosas, y más dispares. Crezco y me crezco, pero lo muestro menos y parece que se ve más, sobre todo en los rasgos físicos. Pensatiempos cumplió dos años y medio y sigo vivo. Seguimos en pie.