Se despierta

el despertador

pero nunca yo.

Nos enfrentamos al reloj de la mañana porque no tenemos ganas de despertar a una vida obligada, a una rutina que casi siempre te devolverá las mismas vivencias de ayer; pero existe la creatividad y la vitalidad de algunas personas que hacen variar su rutina (e indirectamente la de los demás), ¡y qué suerte!

 

Proclamo la revolución

al despertador

para despertar

al placer de lo natural.

 

Mi naturaleza me pide seguir durmiendo esta duermevela y no despertar a la obligación. La obligación no es natural, y el esfuerzo por conseguirla es un valor.

 

Si seguimos dormidos,

estoy seguro

que el mundo

dejará de girar;

y el giro no es natural,

no es puro.

 

El desarrollo es un valor y proviene del esfuerzo…

 

Mi cerebro está dormido

y lo aprieto:

Un café, un cigarro,

una descarga

como al enfermo.

 

¿Deberíamos electrizar al enfermo para darle vida? ¿Deberíamos dejarlo durmiendo? Dormir es natural, es natural estar quieto. ¿Quién puede más: la Verdad o el Dinero?

Al golpe de barra

aprendí mi nombre

extraño, estando

en el filo de la vista

de los otros.

Lo que soy

es más rápido

que lo que pienso que soy:

antes de pensar

ya he sido.

Y me encanta ser…

 

(Dedicado a quien buscó y no encontró.

Porque hay que volver a buscar)