El escritor, el fotógrafo, el pintor, en definitiva todos y todas aquellas que se dedican a expresar, los considero cronistas de su época. La época que hoy vivimos también será una antigüedad antigua dentro de cientos de años. Quizás los futuros personajes del mañana se rían de nuestras actividades, de nuestra manera de vestir, de nuestros actos y de nuestra mentalidad. Hoy quería ser crónico de mis vivencias, de sucesos que vivo y que me agradan y descolocan.
Como nadie supo explicarme qué era la cuarta dimensión, me la tendré que inventar yo. La cuarta dimensión son los diferentes mundos que podemos generar en el pensamiento: es decir, que vivimos en largo x ancho x alto durante la vida real, pero dentro de nuestra cabeza puede existir otro mundo, paralelo y sincrónico -en el mismo momento-, también con largo x ancho x alto. Es la metáfora implícita y objetiva de El Otro Mundo. El otro mundo es una ciudad en la red. Tiene unas mil seiscientas personas, y quizás más según la franja horaria en la que se navega por la red. En El Otro Mundo puedo elegir cómo soy físicamente: yo soy un joven de unos veinticinco años, con el pelo corto y negro, con gafas transparentes. Llevo una camisa ajustada negra marcando los músculos, un pantalón marrón y unos zapatos negros. Pero en cualquier momento podría modificar mi cuerpo e indumentaria. Me muevo por la ciudad y veo a grupos de gente parada, como espectros, que parecen hablar. Sí, es un Chat, pero algo más especial que el simple Chat de ventanas. Es la metáfora de la vida real en un mundo virtual. Es curioso cómo las mujeres virtuales son prácticamente iguales que en su vida real, o bien los hombres están tan desesperados y atónitos como en su vida real. Como soy desconocido cuesta intercambiar algunas palabras. Me paso horas en habitaciones vacías y recorriendo la ciudad.
Si existen paradigmas no seré yo quien los mantenga: hay que romperlos. Hoy en día todos tenemos voz para opinar, aunque sea mal, de lo que sucede en el mundo. La virtualidad es una droga, porque he pensado que la ficción es más potente que la realidad (y dicen que la realidad a veces supera a la ficción). La ficción es más potente porque se alimenta de la fantasía, de las pulsiones, del deseo, que son la más pura verdad. Sin embargo tenemos la destreza de tapar nuestras pulsiones con la razón (y muchas veces es positivo). Tal vez me acueste alguna vez con LadyL, sabiendo que no la podré ver nunca en la realidad. Se trata de eso: de jugar con la realidad. Pero atención: la realidad es la que manda. En la realidad sí que sufrimos, las palabras tienen más peso, supongo que la realidad es lo último que queda. Habrá quien juegue pero habrá quien pierda su vida real por vivir en un mundo de ilusión. ¿Es una enfermedad?
Tengo que hablar de una gran película, para acabar este escrito. A quien realmente haya visto así las cosas, a quien le inquiete este mundo virtual que se apodera de nuestras vidas, le recomiendo: eXistenZ, de David Cronenberg. La película es un fiel reflejo de El Otro Mundo. Durante unos minutos creíamos saber en qué lugar estábamos, pero durante mucho tiempo más nos preguntamos: ¿dónde estamos realmente? ¿Es la realidad una ficción? ¿Podría llegar a ser la ficción una realidad?
About José Luis Andreu Berzosa
Soy una página en blanco, soy un bolígrafo, soy las ganas de vivir y de seguir soñando, soy poco, soy nada, soy infinito