La pureza es mayor cuanto más cerca están la línea de fuera y la línea de dentro. La pureza máxima reside en la unión de ambas líneas y además en la cuasi perfección de los actos que tienden a lo universal. Universal es aquello que, teniendo muchos significados, sólo tiene uno para todos. Pureza es un estado de divinidad, de sensación plena, de potencia, de brillo, de perfección, de sabiduría, de madurez.
           
Me miro en el espejo y pienso que soy un creído, pero ¿por qué he de serlo? No me miro para admirarme sino para reconocerme. Soy una entidad con dos partes: una interna y otra externa, y a las dos debo prestarle atención y tengo que mejorar ambas. Se trata de jugar con la consciencia: traerla al frente las veces necesarias, utilizarla para mejorar por fuera y por dentro; la inconsciencia vendrá por sí sola, es incontrolable, se sobrepone a la consciencia.

           
Hablo de la pureza en tercera persona y la aíslo en un párrafo, porque no puedo juntarla conmigo. No soy un ser puro, no sé si quiero serlo. Sigo manteniendo mi propia mentira despierta, porque gracias a ella sigo dudando. Dudar es una pieza fundamental en la construcción de la personalidad. Considero que mi personalidad no está hecha, que no está determinada. Quisiera construirla a lo largo de mi vida, y quizás muera construyéndola. Quedarse firme, a veces, supone la muerte del pensamiento y de la consciencia, y todavía no quiero morir a la rutina adulta y madura. Quiero ser un niño salvaje, que no tonto.

           
Tengo un inconsciente mecánico de pensamiento: pienso, reflexiono, relaciono, analizo sin quererlo; pero lo complemento con mi consciente: soy consciente que pienso y quiero hacerlo. No puedo ir en contra de lo que soy…

No tanto como lo necesitas y en la medida en la que no cae muerto, es decir, prácticamente nada o tan poco para que caiga en el olvido. Pero aún así, existirá una persona que crea que, por las ocasiones tan contadas, sea cada una un vertido majestuoso y único, bien hilvanado, incluso eterno y profundo. Tan majestuosos y únicos son elaborados los perfumes en frascos pequeños. Pero, lo más fácil, es que esa persona se equivoque y esté cegada y le falte información. Porque una infinidad de puntos fabrican una línea, pero un infinito más potente son muchas líneas que forman un polígono casi circular, en forma de gran punto, y ambos símbolos no tienen nada que ver.
           
Pasamos la vida buscándole el sentido, sin encontrar nada más que posibilidades, y ya es importante. Más importante es buscar los sentidos que esperar a que aparezcan por sí solos, o simplemente afirmar los que vienen dados. Y para eso escribo, pero para muchas cosas más. Además creo más en mí y en mis cosas más banales, que nunca lo han sido, como muestra de lo más grande, y más todavía: como lo más grande. Y porque escriba muchas veces ninguna de las veces va a ser menos importante. Puede ser que algunas sean más pasajeras, que puedan, incluso, llegar a olvidarse, pero las que se olvidan están presentes en la siguiente y nunca se olvidan.

           
Puede ser que esperando un gran momento me pierda todos los pequeños, como sentencia la frase. Así que despierto esa frase en mi conciencia, y despierto mi conciencia para saber que tengo que disfrutar de cada segundo despierto, y “hacer” sin importarme el “hacer bien”, pero poner como meta el “hacer bien”, para que en cada acto haya un deseo de encuentro, de mejora, de búsqueda. Llegaré a ser ese viejo lloroso y meditabundo, pero tendré en el corazón una sonrisa con comisuras dibujadas con palabras de poesía…

          El escritor, el fotógrafo, el pintor, en definitiva todos y todas aquellas que se dedican a expresar, los considero cronistas de su época. La época que hoy vivimos también será una antigüedad antigua dentro de cientos de años. Quizás los futuros personajes del mañana se rían de nuestras actividades, de nuestra manera de vestir, de nuestros actos y de nuestra mentalidad. Hoy quería ser crónico de mis vivencias, de sucesos que vivo y que me agradan y descolocan.
          Como nadie supo explicarme qué era la cuarta dimensión, me la tendré que inventar yo. La cuarta dimensión son los diferentes mundos que podemos generar en el pensamiento: es decir, que vivimos en largo x ancho x alto durante la vida real, pero dentro de nuestra cabeza puede existir otro mundo, paralelo y sincrónico -en el mismo momento-, también con largo x ancho x alto. Es la metáfora implícita y objetiva de El Otro Mundo. El otro mundo es una ciudad en la red. Tiene unas mil seiscientas personas, y quizás más según la franja horaria en la que se navega por la red. En El Otro Mundo puedo elegir cómo soy físicamente: yo soy un joven de unos veinticinco años, con el pelo corto y negro, con gafas transparentes. Llevo una camisa ajustada negra marcando los músculos, un pantalón marrón y unos zapatos negros. Pero en cualquier momento podría modificar mi cuerpo e indumentaria. Me muevo por la ciudad y veo a grupos de gente parada, como espectros, que parecen hablar. Sí, es un Chat, pero algo más especial que el simple Chat de ventanas. Es la metáfora de la vida real en un mundo virtual. Es curioso cómo las mujeres virtuales son prácticamente iguales que en su vida real, o bien los hombres están tan desesperados y atónitos como en su vida real. Como soy desconocido cuesta intercambiar algunas palabras. Me paso horas en habitaciones vacías y recorriendo la ciudad.
            Si existen paradigmas no seré yo quien los mantenga: hay que romperlos. Hoy en día todos tenemos voz para opinar, aunque sea mal, de lo que sucede en el mundo. La virtualidad es una droga, porque he pensado que la ficción es más potente que la realidad (y dicen que la realidad a veces supera a la ficción). La ficción es más potente porque se alimenta de la fantasía, de las pulsiones, del deseo, que son la más pura verdad. Sin embargo tenemos la destreza de tapar nuestras pulsiones con la razón (y muchas veces es positivo). Tal vez me acueste alguna vez con LadyL, sabiendo que no la podré ver nunca en la realidad. Se trata de eso: de jugar con la realidad. Pero atención: la realidad es la que manda. En la realidad sí que sufrimos, las palabras tienen más peso, supongo que la realidad es lo último que queda. Habrá quien juegue pero habrá quien pierda su vida real por vivir en un mundo de ilusión. ¿Es una enfermedad?
            Tengo que hablar de una gran película, para acabar este escrito. A quien realmente haya visto así las cosas, a quien le inquiete este mundo virtual que se apodera de nuestras vidas, le recomiendo: eXistenZ, de David Cronenberg. La película es un fiel reflejo de El Otro Mundo. Durante unos minutos creíamos saber en qué lugar estábamos, pero durante mucho tiempo más nos preguntamos: ¿dónde estamos realmente? ¿Es la realidad una ficción? ¿Podría llegar a ser la ficción una realidad?  

            Podría ser un arte que alguna vez puede dejar de existir. No da dinero, no se ve. Podría decir que es el mejor psicoanálisis, dado que no hay mejor terapia que hablar con uno mismo. Ningún tratamiento es tan eficaz. He dejado escapar la paloma dentro de un recinto cerrado, porque no la quiero dejar escapar. Es un arte que desconozco pero que necesito. Y ningún día dirán que alguien estuvo allí porque es un arte sin leyes, sin jurado. El que dicta lo hace en silencio, en su reflexión. Y no hay periódicos con nombre, sino papeles volados por el viento. Grandes silencios. Utilizamos las palabras para poner nombres y nos olvidamos que la vida es pura sensación, que es lenguaje no escrito. Y todos los drogadictos buscamos las palabras perfectas y no pensamos que ya las hemos pronunciado, y mejor aún: que unas palabras han modificado nuestra vida. Ese es el sentimiento: sé que unas palabras no cambiarán una vida, pero sé que las palabras han cambiado la mía. Y no celebran por mí una gran fiesta con mi nombre mezclado con el de otros, pero debería hacer de cada día una gran celebración por seguir sintiendo y pensando.

           Yo hablo demasiado pero tú acallas lo que sientes; no te conoceré nunca. Nadie te conocerá por tu silencio (García Márquez) o te conocerán como la persona silenciosa. Pero sólo el silencio expresa cuando viene después de una conversación extensa. Quien no habla, muchas veces, es porque no tiene nada que decir, entonces el silencio está vacío. Sin embargo mi silencio está lleno, porque me acoge en la noche que escribo, acaricio el silencio con el teclear de las teclas pinzadas con mis dedos. Paro, reflexiono, no tengo miedo. Me gusta pensar en las palabras, en la ortografía: ¿con jota o con ge? Absurdo sí, pero mío. Hay quien se enamora tanto que dibuja con las frases y ve formas entre los espacios de las palabras: pirámides, risas sardónicas, apelmazamiento de ideas (sin hueco). A mí me gusta el silencio blanco y la tensión negra. Pero, ¿estáis realmente vivos? (Jim Morrison). A veces me pregunto si alguno de mis ídolos son tan grandes como yo (tengo que volver a hacerme una camiseta de mí)…

La doble vida me otorga libertad, me hace sentir individual. Me adentro en esta burbuja pequeña en la que caben todas mis facetas: desde las más tenebrosas hasta las más diarias. Casi todos tenemos doble vida y permíteme decir que todos. En el fuero interno se encierran las verdaderas pasiones y deseos, los verdaderos pensamientos, los resquemores, los miedos, los odios. Nuestra doble vida es ese fuero interno. Es también ese momento de silencio en el que nadie está con nosotros, en el que estamos solos y pensamos. Pensamos lo que nos han dicho, lo que nos han propuesto, cómo nos han mirado, cómo nos han tratado, lo que nos han hecho sentir… y tal vez nadie pueda compartir este hueco conmigo; es demasiado profundo, doloroso, irregular, cambiante, inestable, fogoso, impetuoso, perdido, imaginativo, soñador, infantil, miedoso. Me adentro en esta burbuja cada noche, y cada noche la amo más aún porque me hace sentir libre, desprendido de prisiones, real, humano, simple y grandioso…