Acabé de comer corriendo, no como ahora que lo hago más lentamente. Fui a jugar como los otros días. Se juntaron todos en el centro, pues uno a uno eran poco, pero juntos podían más: ¡José Luis, no juegas! No me llena de orgullo rechazar a nadie, ni insultar a una madre, y muchas veces ni criticar. Pero aún hoy sigo sin jugar a este juego. Quien me quiso, encontró la manera de jugar conmigo a solas. Sabían que yo era bueno, individual pero bueno. Y ser individual no me tendría que sentar mal, pero a veces me puede el rechazo. Pero creo que no debo jugar a este juego que tal vez sea una mentira. Siempre fuera, estoy siempre fuera. Y pierdo. Ya no sé si se trata de orgullo o fidelidad hacia mí mismo, que hay quien pensará que son lo mismo, aunque no lo sean. Pero las fórmulas externas me han servido poco o no han sido tan profundas como las internas. O tal vez he escuchado poco, que no lo creo. Que me queda demasiado por escuchar, eso sí. Cuando he visto cien imágenes rápidas la primera que vi ya forma parte de olvido. Que prefiero ver veinte y recordarlas que no recordar ninguna. Que mañana quisiera llevar conmigo un pasado claro y, a poder ser, bien hilvanado. Que no quisiera elegir y despreciar sino valorarlo Todo en mi justa medida.
Archivos
Categorías
Enlaces Personales
Acceso