Durante cientos de años se mantuvo el instinto reprimido, preso entre muros de piedra, encarcelado y sin aire para respirar. Tal vez fuera el miedo, la falta de libertad, una jerarquía demasiado orgullosa, segura de sí misma, poderosa. El tiempo, el deseo, el ansia de libertad rompe los muros antiguos para dar paso a las alternativas. Siempre aparecerán alternativas, porque cuando no las haya la especie estará muerta.
Yo no puedo sentir orgullo, y cada día menos, de lo que me envuelve, del cambio de las cosas: aunque ayer tampoco fue bueno; no sé si mejor o peor. Y siento miedo cuando estallan mis principios. Que no es bueno vivir para uno mismo, aislado. Que parece cobarde y enfermizo, pero parece lo más cuerdo y progresivo. Que me gusta escribir porque es como un monólogo, porque no converso cara a cara, porque por fuera todos pensamos distinto y por dentro todos igual, pero me asalta la duda de que sea al contrario. Compartir comienza a ser difícil, doloroso.
Rehuyo de esta razón que tengo porque me duele entender la verdad existente. Pero vuelvo a utilizarla porque me hace sentir diferente, menos agresivo. Gracias a ella escribo y me parece sublime, y comparo, mejoro, reflexiono, expreso, estudio, siento. Que es mi razón el padre del miedo, un fantasma en la noche del niño, pero es una parte de mí que, guiada, me llevará a los momentos más placenteros, a donde ir quiero.
No me condenes al rango de ignorante, porque te estás negando la posibilidad de cambiarme y quererme más con mi cambio; que tal vez sea ese el gran muro que tenemos delante: nos engañamos para no atravesar la frontera que nos sumerge en la locura del amor. El amor es perenne pero no el nuestro, hijos de la duda, de la esquizofrenia, del rencor, de la presión. Caminamos por caminos bellos de flores y sólo vemos piedras, vemos muerte en la locura, miedo en la grandeza, absurdo en la profundidad. Somos ignorantes y enzima nos empeñamos en serlo más…

En la porción de más adelante,
circunvolución de piedra,
despolariza el esquema frío,
geométrico, sumido, rígido.
En lo desconocido
de la traducción
del lenguaje psíquico
queman los elementos
su esencia
potenciando las turbinas
de la ilógica.
No existe comunicación
ni mediación: están rotas,
pero las sensaciones
-lenguaje universal-
reportan una verdad:
no seguimos esquemas
es ese lugar,
no existen sentidos
y las aproximaciones son estelas.
No somos
ni tan siquiera lobos;
sin formas, sin entregas,
islas de trashumancia.