Puede ser la preocupación por la percepción que los otros tienen de mí. También es un período de abstinencia, con la mitad de glucosa circulante. Me preocupa pensar que podría quedarme sin leche, me preocupa saber que, en cierto modo, la necesito. Romper una necesidad es muy complicado. Pero también es el querer estar despierto cuando no he dormido, y eso es difícil también. El actor necesita fuerza, vitalidad para poder actuar; necesita su cuerpo para poder actuar. Y la mente cansada necesita más glucosa para trabajar a la misma velocidad que cuando está descansada, pero ahora la glucosa circula a la mitad de los niveles que hace unos días. También es el pensamiento que dice que necesito estar demasiado activo para poder vivir, puesto que vivir requiere mucho de uno mismo. Cuesta conversar y entender al otro; cuesta escuchar y entender; cuesta aprender y escribir, cuesta pensar y relacionar; cuesta cocinar, ducharse y vestirse, fregar, tender y barrer. Las actividades y actitudes automáticas no requieren muchos procesos mentales, dan cierta satisfacción en cuanto que consigues realizar lo que te propones (refuerzo positivo), pero las actividades automáticas también cansan. Llevan todos estos pensamientos a hacerme sentir nuevas sensaciones, que me desequilibran por su carácter de “nuevas”, porque no tengo las fuerzas para afrontarlas como positivas. Para ello busco pequeños cambios, los realizo o aplico en mí, como afeitarme o ponerme una ropa diferente, para saber que tengo que estar alerta y despierto…

Si las palabras fueran de hilo
las arañas serían poetas.
Si los poetas fueran de hilo
los poemas serían laberintos.
Si los laberintos fueran de hilo
veríamos el final desde todos sitios,
y eso le quita su encanto.

Tú llegaste el último, cuando mis esperanzas y mis fuerzas estaban mermadas por los intentos, por las vivencias, cuando mi cabeza estaba tan llena de palabras e imágenes que ya nada cabía. Llegaste tarde porque eres lento, porque no corrías en mi dirección, porque te has hecho diferente. Y sé que eres grande porque caminas lento, a tu gusto, a tu ritmo, sin seguir los pasos de nadie. Te marcas tus propios pasos, vuelves sobre ellos y sabes dónde has marcado cada huella. Somos diferentes en cuanto a eso. Sé que tú sufrirás más que yo, porque caminas con el sufrimiento pero sin cogerlo de la mano. Caminas al lado de mi sufrimiento y es hermoso saber que lo puedo compartir contigo. Y eres lo más grande y lo más profundo y no hace falta decírtelo, y te lo crees pero no te lo crees. Eres la revolución en el mundo, pero una revolución callada, pero una revolución necesaria. Y te doy mis halagos porque nadie lo hará porque todos pensamos pero no decimos, y porque no hay costumbre de alabar a la gente que lo merece y alabamos a meras estatuas de piedra. No creo en las estatuas, ni en los crucifijos, ni en las fotografías, ni en los periódicos, ni en los grandes premios y premiados, ni en los títulos, ni en los iconos, ni en las efigies, ni en las banderas, tan sólo creo en quien me acompaña, en lo tangible, en lo visible, en las meteduras de pata cuando se resuelven, en las risas, en los abrazos, en las miradas y todo eso sí que lo elevo al eslabón de mágico, de grandioso, de loable. Estás aquí, te veo, te siento, te admiro, llegas el último pero arrasando con todo lo que ya ha pasado. Lástima haber perdido todo ese tiempo pero increíble por todo el tiempo que queda…

Quisiera romper la barrera de la piel contigo y sentirme tan potente como para no temer por nada. Quisiera poder abrazarme a la lentitud de tus párpados cuando se cierran para dormir, y a la sencillez de ellos cuando despiertan. Quisiera destrozar la rutina que te hace grande para que construyamos una vida diferente cada día. Porque una vez cambié la piel y, ahora que la tengo nueva, quisiera romperla contigo, porque lo que esconde lo esconde también para mí. Quisiera pintar tu sonrisa sólo imaginádola, después de haberme sumergido en ella miles de veces. Quisiera descifrar tus secretos y enfrentarme a los nuevos, cruzar por tus sueños, sudar tu espalda, erizar tu bello, hablarte al oído. Quisiera fotografiar con la mirada las huellas de tus pies en la arena, secar tu cuerpo, abrazar tu cuello, contar estrellas y elegir contigo la más bella. Quisiera besar la noche y superarla contigo, amanecer al día y deborar la tarde. Y sellar nuestros pasaportes en todas partes y aprender idiomas e inventarlos y ponerles música, y recordar, en el sofá de casa mientras descansamos, lo que hemos hecho, pero sabiendo que, mañana, es un día nuevo y que mañana seguiremos haciendo y aprendiendo. Quisiera la sabiduría para percatarme de la nimiedades invisibles, el orgullo creador y ambicioso, la sensibilidad e ingenuidad del niño, la ternura de las manos de la madre, las venas llenas de vida. Quisera tu lado compartido, quisiera compartir mi lado más profundo contigo, que se convierte en los dos lados sin darnos cuenta. Quisiera la confianza, el deseo, el amor, la esperanza, el cariño, la entrega, la espera, la dedicación, el crecimiento, la inmortalidad, el respeto, la pasión, la sinceridad, la dicha, el apoyo, la respuesta perfecta, la perfecta elección, la paz, el sosiego, la plenitud, la creación, el arte, la palabra, el viaje, la ambición, la superación, la educación, el día a día, quisiera romper la barrera de la piel contigo.

P.D. Dedicado a Carmen y Lucía que se preocupan pensando que estoy siempre triste porque se basan en la idea de que un texto corresponde a mis 24 horas. Estoy triste a veces, muchas veces simplemente estoy; cuando estoy alegre ya he hecho algo para expresarlo. Pensatiempos es más el lado oscuro, pero no deja de ser otros lados al mismo tiempo. El otro lado vive algo más que en un escrito, llama José Luis y vive en Reus…Besos