Me persigue, sin saber lo que es. Hay cosas que sólo pueden ser sentidas; no existen palabras, ni objetos, ni gestos que las definan. Me persigue y me siento como un anciano sin arrugas, como un vencedor sin premio, más bien como un derrotado con movimiento. Me condeno con el pensamiento a la espiral de la derrota, sello las nuevas puertas pero las cemento tapiándolas además, y espero con la ilusión del niño la luz por debajo de la puerta que está tapiada. Podría mentirme y después hacerlo hacia los demás, pero no me pidas mentiras, sólo mantente expectante a que acabe conmigo por si nace otro nuevo. He mezclado los productos de la química de la ciencia, siempre enfrente y nunca dentro para que duelan menos, pero el dolor siempre es directo e indirectas las palabras o los sueños. No lo entiendas ni lo intentes, sólo mantente expectante, porque haciéndolo entrarás en la espiral que ya, sin quererlo, nos persigue; pero siempre se puede empezar olvidando antes que empezar a vivir lo que luego será un recuerdo. No vivas lo que tu instinto no quiere vivir, todo lo contrario. El contrainstinto genera derrotados y presos. Si te enseñaron que para olvidar debe existir la aflicción y el perdón, además que el dolor sin compartir duele más, tenlo en cuenta. El dolor no es silencio, ni soledad, ni tiempo, sino todo lo contrario, pues si no es expresión, fugacidad o algo compartido se convierte en muerte, prisión y derrota. Que tus actos sean sinceros y reales y nunca deseos, pues los deseos siempre cobran sus servicios (bienes pasajeros). La verdad y la realidad no entienden de dobleces y esquinas. Comparte la enfermedad y ayuda a enfrentarla, pero no la hagas tuya, no caigas enfermo. Aunque creo que la montaña rusa tan sólo dura una ficha…
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