Pensatiempos – J. L. Andreu Berzosa » 2007 » Agosto
Aunque este trabajo tiene algo de tiempo, cuatro o cinco meses, lo he guardado con cariño hasta hoy, que tenía que ver la luz. Me pareció buena la idea cuando la tuve: guardar “Siesta En La Frontera” para el día del cumpleaños de Cristina, mi amiga de la facultad pero mi amiga de buenas conversaciones y compañera de viaje. Así, desde Pensatiempos, quiero darle a Cristina Muchas Felicidades por cumplir años. Espero que le guste este pequeñito obsequio y a ver si tomamos un café pronto. ¡Un beso! ¡Muchas felicidades!
No es éste quien siente, sino el otro, el mejor, el que sale en televisión, del que se enamora la gente, el bueno, el incorregible no por gusto propio sino porque no tiene corrección alguna. El malo, el perverso, siempre es el que habla en silencio, el que da las explicaciones más terriblemente verdaderas. El otro las modula, las modifica, las hace creíbles y sinceras, grandes, mágicas, poesía y literatura. Pero es el otro, el oculto, el escondido quien dicta, quien manda. Es el Cirano de Bergerac y su canal: el que siente y el que emite, el verdadero y el menos verdadero, el sentimiento y el acto. El Cirano delinque, el actor da las explicaciones pertinentes.
Al delinquir parece que todas las miradas se centran en el objeto y menos en el delincuente. Es peor, falsamente, el pecado que el delincuente. Pero sólo en el primer momento. La cabeza, por medio de los sentidos, va al objeto antes que al que lo utiliza, pero después, al procesar el sentido en el que el objeto es utilizado, la mente discierne la culpa de la persona. Hay objetos que sólo tienen un uso porque sólo significan una cosa: son malos. Los significados son acotados por el peso de la mentalidad de la mayoría, por el peso del tiempo marcando ese significado y no por la aparición de miles de significados de la misma cosa. Es difícil encontrar más significados a cosas que, históricamente y socialmente, han significado lo mismo. En el fondo todos aceptan, todos saben, todos quieren y ninguno cambia el significado, porque superficialmente nadie acepta, nadie sabe y nadie quiere.
Y mi Cirano vuelve a delinquir, porque le necesidad vence a la voluntad. La voluntad no es fuerte cuando la decisión no es fuerte, y lo que gano ha de ser más grande que lo que pierdo. Y si el objeto del delito conlleva el peso inmenso de la historia como hombre, la voluntad no es más que un papel de fumar peleándose con un papel de plomo. Sólo queda transformar el delito en algo diferente, cambiarle el nombre, verlo desde otro punto de vista, dirigir la mirada hacia otro sitio como despistándome y seguir diciendo que no quiero, que no sé cuando sé demasiado bien que quiero, y peor aún, que necesito…
¿Sabes?, he vuelto a nuestra casa antigua, sin que nadie lo supiera y nadie sabía que yo había vivido en ella. He visto el balcón desde bajo, desde la calle. Después he entrado al patio y todo parecía más nuevo. Cuando estaba delante de la puerta, casi apretando el timbre, me he dicho: ¿y qué le vas a decir a los nuevos inquilinos? ¿Que un día viviste allí y que querías recordar? No es una mala propuesta para mi cabeza loca, pero la gente no está tan loca ni es tan ilusa como yo. Me he bajado a los escalones del patio y me he sentado en ellos. He traspasado la puerta con la imaginación y dentro estaban: tu voz y tus risas, tus nervios metiéndome prisa, una guitarra sonando y una canción triste, las gotas de lluvia chocando contra los cristales, la cafetera anunciando que estaba llena, otra vez tus risas y tu vida, el espejo, la lavadora, el piano ocupando espacio, el sofá, la cadena, la televisión apagada, nuestra bandera, los sueños dispersados, todo lo que era nuestro. ¿Sabes?, todo eso ya ha pasado, se ha perdido, se ha cubierto con el polvo en el recuerdo.
Me pregunto por qué el palomo está tan ciego. También me pregunto cuál es su capacidad de visión, y si ella se ha reducido cómo y por qué. Lo veo ya días moviéndose por el suelo, que no ha alzado el vuelo desde hace tanto tiempo. ¿Tendrá un ala rota o estará ciego? ¿Habrá perdido el norte? Camina por el suelo a saltitos, cruza el paso de cebra y no lo atropellan. ¿Le tendrán en cuenta los conductores? Como sé que no, ¿por qué no lo atropellan los coches si va ciego? Va dando tumbos y no sabe a dónde ir, porque ni la sombra en la hierba bajo el árbol, ni debajo del basurero, ni la rueda del coche lo han conseguido tranquilizar y acoger más de unos minutos. ¿Qué mal le acecha al palomo? ¿Estará ciego? ¿Qué puedo hacer para ayudarlo?
Y de repente despierto
y tengo ganas de vivir
porque te encuentro.
Y de repente sueño
y viajo y vuelo.
Pero de repente caigo
porque te pones seria,
y me duermo
y me apago
y me callo.
Pero de nuevo me alzo
y estudio medicina
y hago fotos
y leo libros
y escribo poesía.
Mantenme en el aire
sueña conmigo
respira fuerte
persigue mi estela
enciende mi sangre.
Cuando vuelva mi tristeza:
¡Detén mi mano!
¡Sella mi boca!
¡Sigamos de viaje!

