Tres veces la he probado después de haber oído hablar de ella durante dos años. Supongo que la primera vez es la más dolorosa, por la sorpresa, por el desconocimiento, por no saber actuar. Su vehículo de expresión son los ojos, el corazón, algo los brazos, y los pulmones. Los ojos se nublan con los pensamientos incesantes: empiezas a pensar y te surgen más preguntas e incoherencias que respuestas y cosas concisas y útiles. Los pulmones se vuelven de hojalata, rígidos, mecánicos. La respiración es consciente, pensada y no automática o vegetante. Se bloquean los brazos como el volante cuando quitas el contacto. El corazón danza sin ritmo regular al compás del pensamiento desordenado. La primera vez duele, te hace sentir débil e impotente, te deja sin palabras, sin orgullo, sin fuerzas. Lo que me quedó después fueron las lágrimas del desespero y la impotencia. Mi segunda vez fue en la estación de tren, sentado al lado de una papelera, fumando y pensando al mismo tiempo. De nuevo me cogió por sorpresa. Esta vez el sentimiento fue de rabia, de ira, me dio ganas de gritar, de destrozar, de expresar todo el daño acumulado de la última vez. Como soy ético y coherente y me importa la gente que me envuelve y mi propia imagen, miré al suelo y aguanté la rigidez externa de mi cuerpo, hasta que me sofoqué con mi propia calma. No duró mucho el efecto. La última vez ha sido hoy. El efecto tardó minutos en desaparecer; mencioné algunas palabras porque todas son buenas y malas a la vez (depende de los oídos que las escuchen). Ahora el efecto dura poco pero lo reproduzco con precisión, cuando desaparece, por la memoria de mi cuerpo respondiendo ante él. Las sensaciones son tranquilas; las tensas las hago pasivas. En mi normalidad me ataca un odio encerrado que lo relajo con nimiedades y pensamientos simples de evasión. Sin darme cuenta había salido de casa, sin pensarlo escribía estas últimas palabras…
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En la normalidad ataca una y mil veces, pero podemos sortearlo, tenemos esa opción, esa capacidad. Hay veces que caemos…bueno, hasta cierto punto es normal; ¿quien no se ha caido alguna vez? ¿quien no aprende de esas caidas?.
Mañana levantaré la pierna unos centimetros y si aun así vuelvo a tropezar, a la proxima será mas alto el alzamiento; pero cuidado! Tal vez volemos tan alto que no tengamos la opción de tropezar y caer. Jode caer y uno se cansa, pero también es bueno.
Vayamos a ras de suelo. ¿me acompañas?
Salud amic!
Se trata de encontrar el punto medio. Ni alzarse demasiado ni caerse demasiado (o dejarse caer). Supongo que, si hablamos del amor, caerse es lo más fácil y hacer caer también. Pero me dijo una amiga: no es mejor quien no ha caido nunca, sino quien después de caer ha sabido levantarse. Un abrazo, nos vemos ya mismo!