Toda la grandeza se reduce, cuando quiero simplificarlo, a esas hormigas en el vientre, esa sensación de libertad y paz dentro y también fuera. Sensación que dura segundos en esta vida; existe pero es poco asible, dura demasiado poco. Es la represión de ahí fuera y la misma cabeza que sabe que esa represión está presente y no permite que sus ideas vuelen sin ton ni son. Y no se necesitan pensamientos muy liberales, ni actos, simplemente se requieren momentos de soledad o bien momentos de complicidad extremos en lugares totalmente apartados de los ojos humanos dictadores, no porque lo que se tenga que hacer sea insano sino por el miedo al juicio. El juicio es la gran negación de la libertad del hombre. Si sólo para sentirme grande necesito placeres humanos sencillos, ¿por qué no debo tenerlos? Y más aún, sin hacer daño a nadie…
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