LA MALDICIÓN
Verás cómo el tiempo y el pensamiento han secado mi piel y cómo han resaltado mis huesos. Me verás como al perdedor que dejaste en el mundo a manos de sí mismo, y cómo después de tanto tiempo he crecido poco y no he conseguido nada. Te contaré cómo he dormido sobre la piedra y contra la pared, entre insectos y extraños. Te vendrá el olor de la calle desde mi cuerpo y pensarás en las veces que la he recorrido. Sólo apuntaré que la he recorrido en la noche, solo, cabizbajo, pensativo, perdido, dormido. Verás las afrentas en mis ojos cansados, las derrotas, las pérdidas. Y te preguntarás cuándo me toca vencer, con lo grande que yo parecía, que por qué me deseaste lo peor y que ya no lo deseas porque te doy pena. Yo me preguntaré otra vez qué hice mal y por qué me persigue esa maldición, si me merezco esto, que cuándo acaba la mala racha que tanto dura. Verás cómo me adentro entre la tiniebla espesa del humo de los tubos de escape, y pensarás, de nuevo, que ya no me merezco lo peor, que es momento de retirarme la maldición…