Extrapolen las dimensiones: las grandes cosas pueden ser las más pequeñas, o bien extrapolemos los grandes problemas como problemas pequeños para comprenderlos y afrontarlos mejor. Todas las cosas pasan por el mismo filtro de los ojos y la comprensión. Por otro lado, la geometría ordenada refleja tranquilidad, equilibrio, orden e inteligencia. Busquemos la geometría. También, abramos los ojos en cualquier situación por nimia que sea, porque oculta está la respuesta a nuestras preguntas, pero a nuestro alcance. Escondida delante de nuestros ojos…

Geometría

Era un papel de fumar pero era lo que más cerca tenía pero era suficiente, hasta que faltó papel. Pero tenía otro y lo pegué al lado y seguí escribiendo. Era suficiente hasta que necesité otro papel y otro papel. Entonces pensaba y era consciente de cómo iba aumentando el tamaño del papel, pero pronto no pensé en el tamaño, no pensé en nada más que en cómo iba desarrollándose el poema, si cambiaba de fuerza, de tonalidad, si quemaba o se congelaba, si dormía o despertaba, si olía o no y si olía a qué y cómo cambiaba el olor. Cuando acabé el libro de trescientos papeles de fumar bajé a comprar más papel, y tabaco, para cambiar la monotonía. Si pasaban los días lo suponía, solo lo suponía porque la gente había entrado y salido más de cinco veces de casa en los últimos tiempos. No estaba seguro, no hablaba con ellos. Cambió la gente de la vivienda y supuse que era el mejor momento para cambiar de tipo de papel. Cuando me di cuenta, la rugosidad del nuevo papel de celulosa me creaba problemas para expresarme porque parecía que se imponía a mi velocidad; no aceptaba el trazo rápido ni las fuertes presiones y no me dejaba escribir bien. Me amoldé a sus gustos: escribí más lento y más concienzudamente pero inconscientemente alocado. Lo importante era el poema, que no tenía fin porque no sabía cómo acabarlo.
- Tío, podrías hacer algo más a parte de escribir -Jorge, el nuevo compañero-.
- Es que no me apetece hacer nada más.
- Pero hay muchas cosas más a parte de escribir.
- Pero ninguna me llena igual.
- Bueno…¿qué escribes?
- Un poema.
- Y ¿de qué va?
- Cada día es algo diferente, pero siempre es el mismo.
- ¿Cómo que cada día es siempre el mismo?
- Es el mismo poema, todavía no lo he acabado.
- Sería buena idea escribir sobre muchas cosas, por cambiar, vamos.
- Pero es que no sabría escribir sobre otras cosas. No me gusta dejar las cosas sin acabar, además.
- ¡Pues acábalo y escribe cosas diferentes!
- Pero es que no puedo acabarlo.
Él intentaba mostrarme su punto de vista. Lo entendía como entendía el mío y me parecían buenos los dos. Crecía el poema y el poema me hacía crecer a mí.
- Jorge, me he enamorado.
- Vaya, genial. ¿De quién?
- ¡Del poema!
- ¡Pero no te puedes enamorar de un poema!
- ¡Ah no!, ¿por qué?
- Bueno, si puedes. Pero yo creía que te habías enamorado de alguien.
- Pues también.
- ¡Ah, sí! ¿De quién?
- De la chica del poema.
- No te entiendo…¿la conozco?
- No creo…
- ¿Pero es… real?
- Sí.
- ¡Qué alegría! Y ¿cómo se llama?
- No lo sé.
- ¿Cómo que no lo sabes?
- Pues es que la vi una vez.
- Y ¿hablaste con ella?
- Un poco.
- Pues yo diría que ella te gusta, pero que no estás enamorado.
- ¡No, no! Estoy enamorado.
- ¡Pero si solo la has visto una vez! Bueno, ¿qué te dijo?
- Que le escribiera un poema bonito. Le dije que escribía.
- ¿Y la has vuelto a ver?
-¡No, sólo la he visto una vez!
- Pero, ¿la has buscado?
- Sí, un poco. Aunque me dijo que no la buscara, que volvería ella para volvernos a ver.
- ¿Qué volvería dónde?
- No me dijo ningún sitio.
- Es increíble. Yo pasaría de ella.
- Ya, pero es que no puedo olvidarla.
- Porque no quieres.
- Porque no puedo.
- Pero quien quiere olvidar olvida.
- Eso creía yo.
- Y ¿qué vas a hacer?
- No sé…seguiré escribiendo…

Me fumo la vida y disuelvo una esperanza con alcoholes de colores. No existen Centros sino Dispersos que cada vez están más arraigados en mí, incluso más aceptados. Ahora reconozco que me pierdo entre las palabras, que asesino mi lógica antigua para hacer lógico lo ilógico. Ahora, que ya he recibido mi diploma en la locura, me dedico a pasearme escuchando música durante horas haciendo nada pero hablándome demasiado y aprendiéndome mucho. Ahora también juego a los jeroglíficos de mensajes ocultos, palabras que te llevan a otras que te llevan a otras porque te hacen recordar alguna cosa, nimia, siempre nimia. ¡Qué grande me resultan las cosas pequeñas! ¡Qué perdido estoy entre las cosas más simples! (Las cosas más triviales se vuelven fundamentales, dicen los Del Silencio). Soy el Héroe del desatino, el lobo que me devora y el devorado; he conseguido serlo todo para dejarme las manos vacías. Por fin he conseguido escribirlo todo en el momento en el que nadie escucha y en el momento en el que nadie mira. Ya he aceptado que todo lo hago mal para percatarme de lo bien y de la perfección con la que estornudo cuando estoy a solas. A solas es como me encuentro en todo momento que no discuto. Cuando me hablan discuto conmigo mismo rodeado de un silencio hacia los demás que cobro un poco caro (desde un o dos euros hasta unos diez que pueda costar un concierto). No aguanto nada, ni resisto, ni espero, ni quiero y espero que los demás lo hagan conmigo sabiendo que esa era la esperanza que acabo de disolver entre alcoholes de colores. Y el perdón no tiene peso, ni medida, ni cabida en este mundo, porque perdón es una palabra que suena cuando la pronuncias, que resuena en los adentros, pero no tenemos ni oídos fuera ni oídos dentro. Y es esta la próxima esperanza que disuelva o que queme o que me inyecte, porque, como tantas otras cosas todo acaba dentro, muy adentro, encerrado, cubierto de polvo, en el olvido, cubierto de penas y lamentos…

P.D. Lucía, espero que este sea el último de mis “escritos negros” de esta temporada.

Tres veces la he probado después de haber oído hablar de ella durante dos años. Supongo que la primera vez es la más dolorosa, por la sorpresa, por el desconocimiento, por no saber actuar. Su vehículo de expresión son los ojos, el corazón, algo los brazos, y los pulmones. Los ojos se nublan con los pensamientos incesantes: empiezas a pensar y te surgen más preguntas e incoherencias que respuestas y cosas concisas y útiles. Los pulmones se vuelven de hojalata, rígidos, mecánicos. La respiración es consciente, pensada y no automática o vegetante. Se bloquean los brazos como el volante cuando quitas el contacto. El corazón danza sin ritmo regular al compás del pensamiento desordenado. La primera vez duele, te hace sentir débil e impotente, te deja sin palabras, sin orgullo, sin fuerzas. Lo que me quedó después fueron las lágrimas del desespero y la impotencia. Mi segunda vez fue en la estación de tren, sentado al lado de una papelera, fumando y pensando al mismo tiempo. De nuevo me cogió por sorpresa. Esta vez el sentimiento fue de rabia, de ira, me dio ganas de gritar, de destrozar, de expresar todo el daño acumulado de la última vez. Como soy ético y coherente y me importa la gente que me envuelve y mi propia imagen, miré al suelo y aguanté la rigidez externa de mi cuerpo, hasta que me sofoqué con mi propia calma. No duró mucho el efecto. La última vez ha sido hoy. El efecto tardó minutos en desaparecer; mencioné algunas palabras porque todas son buenas y malas a la vez (depende de los oídos que las escuchen). Ahora el efecto dura poco pero lo reproduzco con precisión, cuando desaparece, por la memoria de mi cuerpo respondiendo ante él. Las sensaciones son tranquilas; las tensas las hago pasivas. En mi normalidad me ataca un odio encerrado que lo relajo con nimiedades y pensamientos simples de evasión. Sin darme cuenta había salido de casa, sin pensarlo escribía estas últimas palabras…

He podido vivir con los ojos totalmente cerrados, temiendo lo que me envolvía, pero listo, agazapado en la esquina en sombra, aletargado que no muerto. Salgo desde mi escondite tras haber contemplado a los poderosos y, sin serlo, me transformo en uno de ellos. Esta es mi táctica desde pequeño, una más, que no la mejor, pero la mía: descubierta y reconocida. Y feliz. Soy feliz con lo más mínimo. Y sufro en mi silencio y muy pocas personas han roto mi silencio porque hay mucho ruido en la vida de cada uno como para preocuparse del ruido silencioso de los demás. Cobro fuerzas como el vampiro dormido que vuelve a beber sangre después de muchos años durmiendo. Si esto fuera eterno no cabría el problema, pero como no es así, he perdido demasiado tiempo, que tal vez pueda recuperar de algún modo.
Tal vez me he equivocado al elegir, pero me iba a equivocar en cualquier caso: era el momento de equivocarme, esta es la sensación. Queda seguir caminando sin mirar atrás porque al mirar atrás tropiezo con lo que viene delante y el lobo me devora si estoy en el suelo. Y eso todos lo sabían y nadie me lo había dicho, porque nadie saldrá de su ruido para sacarme del mío, porque nadie lo ha hecho. Tengo el tiempo necesario y el pensamiento correcto, no debería desperdiciarlos porque mañana vendrá el nuevo mundo en el que deba volver a parar, en el que volveré a verme envuelto de pesadillas y demonios…