Las palabras, desde fuera poco más que sonidos articulados, sonidos normalizados; las palabras, fuente mínima de comunicación, siendo tan pequeñas, arrastradas por el suelo, caídas desde la garganta, las palabras Son drogas para el cerebro. Siendo tan poco entretejen nuestros actos futuros. Simplemente captadas a través de los oídos, penetran hasta el área literaria, donde se escuchan y guardan. Permanecen silenciadas, latentes, malignas, agazapadas en algún sitio de la estratosfera mental para estallar en movimiento en momentos inesperados. Palabras, pequeñas mensajeras del error, arquitectura sepultada de la acción, que, sin ser asimiladas ni pensadas me llevarán hasta el acto inconsciente…Nos programamos mentalmente, cual secretaria con agenda, mediante los sentidos. Y hoy pienso en el absurdo de cumplir el cuento indecoroso de una persona cercana que, simplemente utilizando las palabras para decir que cuatro personas hicieron falta en la construcción de su amor, me embaucó para dejar correr a la primera y única persona, y así tengo que abatirme y combatir contra lo que por los oídos entra para que mi mente, sin filtro, no programe otros errores, para que no se equivoque en otras predicciones futuras (ocultas y tiempo después hechas físicas)…
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