Las palabras, desde fuera poco más que sonidos articulados, sonidos normalizados; las palabras, fuente mínima de comunicación, siendo tan pequeñas, arrastradas por el suelo, caídas desde la garganta, las palabras Son drogas para el cerebro. Siendo tan poco entretejen nuestros actos futuros. Simplemente captadas a través de los oídos, penetran hasta el área literaria, donde se escuchan y guardan. Permanecen silenciadas, latentes, malignas, agazapadas en algún sitio de la estratosfera mental para estallar en movimiento en momentos inesperados. Palabras, pequeñas mensajeras del error, arquitectura sepultada de la acción, que, sin ser asimiladas ni pensadas me llevarán hasta el acto inconsciente…Nos programamos mentalmente, cual secretaria con agenda, mediante los sentidos. Y hoy pienso en el absurdo de cumplir el cuento indecoroso de una persona cercana que, simplemente utilizando las palabras para decir que cuatro personas hicieron falta en la construcción de su amor, me embaucó para dejar correr a la primera y única persona, y así tengo que abatirme y combatir contra lo que por los oídos entra para que mi mente, sin filtro, no programe otros errores, para que no se equivoque en otras predicciones futuras (ocultas y tiempo después hechas físicas)…

Porque estaba demasiado alto y teníamos que ascender mucho, y desde debajo se veía como un punto lejano e invisible. Porque las verdades más verdaderas, aún distantes de la verdad profunda, son tan incomprensibles, tan difíciles de asimilar que parecen mentira; así, casi es imposible percibirlas. Porque lo más grande es muy pequeño, porque me empeño en entenderlo todo y me quedo sólo haciéndolo. Nadie buscará los porqués de lo malo, los porqués de lo negativo y por suerte o por desgracia buscamos pocos porqués y con las ganas mínimas. Lo real de la mentira supone que me encontrara en un teatro trágico-cómico y sumamente desnudo. Porque aunque me desnudo hace demasiado frío para el abrigo de nadie; todo siempre será poco y cuando sea mucho ya será tarde para disfrutarlo. Porque todo crece cuando no se tiene y decrece cuando se tiene. Son como absurdos del hombre, lo triste de la verdad es que son absurdos necesarios? para el hombre, absurdos que nos acercan a la identidad como hombres, lo peor del absurdo es su significado: una mezcla de impotencia, sonrisa sarcástica con ignorancia, una hipérbola que tiende a infinito pero que nunca llega allí, una prisión sin carcelero y llena de prisioneros…Aún así vendrá cualquiera a destrozar las más curiosas filosofías, las más potentes, las más comprobadas, es sólo cuestión de tiempo. Aún así es la opinión de uno, pero aún siendo la opinión de todos nunca tendría peso, porque aquello universal no existe y si existe permanecerá callado, oculto. ¿Por qué? Porque somos hombres, lo que conlleva ser absurdos, porque si no existiera nuestro absurdo no seríamos hombres, sino otro animal pero sin consciencia, sin inteligencia. Demasiado grande para pensarlo, demasiadas palabras para leerlas todas, y no se trataba más que del amor, seguro que algo o mucho más, pero sobre todo que nos concierne, nuestro, nuestro, dentro, propio, único y genuino, tuyo, mío, de todos, pero de nadie…

Me dijiste: no necesito que me cuentes nada mientras me expreses cómo te sientes. Empiezo así mi reflexión, a fin de cuentas contaré muchas cosas, pero el poso de todo lo que diga no será más que la expresión de cómo me siento. He aprendido, fugaz como el rayo, demasiadas cosas en un momento. Y es difícil expresar las cosas cuando hace minutos que te han ocurrido y cuando hace segundos que las has aprendido. Pero soy un lobo para estas cosas: las devoro para que no acaben devorándome a mí. Así que: debo aprender a esperar. De pensar no puedo dejar, por eso no reprimiré la velocidad atroz de mis pensamientos hechos conscientes, sino que, aceptando tal velocidad, debo aprender a esperar. Siempre o casi siempre me ha ocurrido ser el primero en dar los pasos. Ahora hay que aprender a esperar, para que sea el otro quien de los pasos. Por otro lado, la gente no es como yo. Cada uno tiene un sentido de la responsabilidad, de la verdad y de la mentira, cada uno evalúa más o menos sus respuestas. Yo valoro demasiado mis respuestas y actuaciones (valoro, más de evaluar que de valorar). Cuando te sientes y eres responsable la gente esperará poco de ti hasta que abras la boca una o dos veces. Somos y escapar de lo que realmente es cada uno es imposible. Existen máscaras muy bien impuestas (ingenuidad, dulzura, locura, misterio…) pero antes o después, por no decir que siempre, nuestro interior oculto saldrá fuera. No existe la mentira en este sentido, no hay nadie que sepa actuar durante toda una vida. Otra cosa que he aprendido es que todos nos probamos a todos. La mayoría de gestos, conversaciones, miradas…no son más que pruebas que ponemos al otro: para saber si nos entienden, para saber si nos quieren, si nos respetan, si piensan en nosotros…Y aquí lo dejo, sin finalizar con que quiero dedicar este escrito a toda la familia de Pensatiempos, sobre todo a los que vienen por este espacio a menudo y se interesan por estas rayadas. Gracias Carmen, Lucía, María, Krizio, Señor de Las Moscas, Bunbu, Bobcat, Emily, Zar Arcaico, PutoDios, Anonymousa y todos los que seguís pensatiempos desde el silencio.

Para formarme como persona, para conocerme, tengo muchos métodos. A fin de cuentas se trata de proyectarme fuera para verme mejor. Debo criticarme objetiva y subjetivamente. Y existe un método para conocerme mejor que es la crítica de la gente, cómo me ven los de ahí fuera.
Me pregunto por el valor que tiene la crítica externa, acerca de la razón o no de sus opiniones sobre mí. Algo tengo claro y es que debo escucharles. Más tarde, una vez escuchado todo, tengo que pasar por mi filtro interior aquello que he escuchado. Supongo que denota personalidad escuchar en silencio y filtrar la información.
Pero, todo aquello que los demás nos dicen no serán más que verdades a medias de lo que realmente piensan. Tenemos que llegar al origen, al verdadero significado de las palabras simplemente pronunciadas. Por lo general, nadie se atreve a sacar las verdades fuera. Cada uno debe buscar la verdad de lo que le dicen. Aún así, la crítica de la gente es una información perfecta para saber cómo somos.
Normalmente nos conocen mejor nuestros familiares y las personas que nos quieren, por el tiempo, por la proximidad, por el contacto. Son a quienes más y mejor debemos escuchar, y aún así tenemos que pasar por el filtro interior sus palabras…

El diablo me habla

cada noche;

no me deja soñar…

Son sus palabras

sonidos de tambores

rimbombantes en mis oídos

que suenan al son

de la música del infierno.

Ya no pienso,

sólo despierto y vivo

y duermo y despierto

pero no sueño.

Debajo de mis ojos

hay trazos de pincel

de acuarela color rojo

cuando despierto.

El cielo blanco ver quiero

y no este oscuro de noche,

esta tiniebla de espanto.

Ya no veo ventanas de luz,

ni terrazas con tiempo,

ni al tiempo de mi lado

cuando duermo.

Y es que el diablo me habla

cada noche

hasta que se vaya de mí

tu recuerdo