Pensatiempos – J. L. Andreu Berzosa » 2006 » Septiembre
? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? La voz del duende me dijo: ¡busca la verdad! Y como las palabras mencionadas y escuchadas nos acaban transformando, buscamos realizarlas, se creó un mecanismo directo en mí, que fue buscar la verdad. Todo lo que escuchamos intentará descubrirse o realizarse; mecanismo extraño de la mente. Primero tuve que saber qué significaba la Verdad. Gasté infinitas horas en llegar a la respuesta, a esa conclusión abstracta. Una vez supe qué era la verdad, tenía que buscarla. Para mí la verdad tiene una relación enorme con la psicología y con el pensamiento. La verdad de las cosas físicas es más sencilla de descubrir, es más científica, más realista. Siempre he buscado un poco más allá. Así es que la verdad tenía que ver con lo que pensaba realmente la gente, con los porqués de sus actuaciones, con el más allá del hombre. Si escalamos (de escalera) la verdad, podremos metaforizarla diciendo que la verdad tiene miles de escalones. Quizás podamos entender los primeros cientos. Y descubrí muchos de ellos con las palabras que me llegaban a través de las paredes. He aprendido mucho escuchando sin mostrarlo. He sabido lo que realmente pensaba la gente de mí escuchando a través de las paredes. He descubierto infidelidades, traiciones, amores, secretos, sucias artimañas, la verdad. Poca gente, quizás nadie, nos dirá la más absoluta verdad acerca de nosotros o de ellos mismos, así que aparece esa pared, ese muro como metáfora de la máscara de la gente que nunca nos dirá lo que realmente piensa. Esto no es más que una aproximación ínfima y finita de la verdad (oculta), pero la verdad es como una potencia, es como un infinito al cual nunca podremos llegar pero al que podemos acercarnos
La sublime belleza
corporal del norte,
convertida la paja en oro,
la paja de sus cabellos,
pero lo cruel
de su mentira…
(la mentira está en todo,
me lo guardo para mí).
La explosión física,
la objetividad con la que miro,
la fuerza hecha admirable,
lo que miras, siendo agrandado.
Mi recuerdo contrastado,
el tiempo perdido,
mi sufrimiento en la sombra.
Todo lo que di
y pensé e hice, hecho penumbra,
hecho olvido (pero
el olvido no puede ser).
Duele, duele.
Lo que duele aquí dentro
no mueve la piedra de fuera,
porque el dolor no es viento,
ni fuerza, ni potencia anatómica,
es más bien como el olvido.
Te dejas llevar por la mentira,
por tu mentira,
y yo, como bien dices,
por mi pena por la vida
que debo seguir viviendo
contra tu prisión, mi lucha,
y así derramas la saliva blanca
que contra algunos es deseo
y contra uno es llanto, dolor
y metáfora del veneno.
El norte sedujo con la mentira
y mientras, al sur de ningún sitio,
viajan las esperanzas, las ganas,
las peleas de un ser
que no alentará tus miedos.
Empiezo por la conclusión, por el final y desde allí iré hacia el principio, sabiendo que tanto final y principio están sujetos a hilos finos, que es como decir que están sujetos a nada. Podría sentirme espadachín de palabras, o hilador de palabras o dios mismo y aún así sabría que no llegaría a nada: los sentidos quedarán suspendidos al azar de la subjetividad. Incluso podría lanzarme a escribir libros, miles de poesías, relatos que llegaría a lo mismo, y aún así seguiré escribiendo, como el que sigue yendo los domingos a misa sin haber visto a dios, o el que sigue abrazando a su mujer después de haberla visto acostada con otro hombre, o como el que sigue buscando el amor y por desasosiego llama amor a algo que se parece mucho pero que en el fondo sabe que no es ni mucho menos lo que había sentido, que es de otro modo (más banal, humano e imperfecto, y aquí radica la perfección imperfecta). Palabras, palabras y sentimientos, y pensamientos, que todo se entrelaza en el mismo sitio desconocido para conformar la psique o el cerebro o la psicología o dígase como se prefiera, palabras como bucles que me llevan a empezar por la conclusión: creo que llevo tiempo sin dormir. Sí, dormir viene a ser un estado de relajación, una actividad mental mínima, si no me equivoco son estados beta y gamma cerebrales, porque el estado alfa es el estado de alerta y consciencia natural. Es que creo que he llegado a pensar tanto que hace tiempo que esos estados beta y gamma me son como que desconocidos. Antes de dormir pienso, pienso durante el sueño y (desesperadamente) me levanto pensando. El sueño, en sí mismo, es un pensamiento prolongado de ocho horas en el que no hay un orden lógico y guiado, es cuando la cabeza se toma sus vacaciones para realmente ser y disfrutar de su existencia, es decir, que durante el día la mente está como que cansada, a medio gas, adormecida, es decir, que funciona al revés que el cuerpo: por el día despierto y dormido por la noche, la mente despierta durante la noche, durante el sueño. Soy un tío raro…¿Porque pienso? ¿Porque escribo? ¿De verdad soy raro? No existe respuesta exacta, ni palabras exactas puesto que no hay respuesta exacta. Viene a ser un bucle de incertidumbre. Me gusta hacer pensar, del mismo modo podría callarme, pero me gusta menos callar. Por eso escribo, para eso lo hago. Pensatiempos es por y para eso (este es el principio, pero ni mucho menos era el que tenía pensado). El otro principio era más caótico, era algo así como el romanticismo inexistente, la verdad de la mentira, la desconfianza creciente, no sé, tampoco lo tenía muy claro, pero sin haberlo forzado ha salido: ese es el juego, las cosas residen ahí, al final acaban saliendo…
Vivir es subir y bajar. Vivir es encerrarse y abrirse. Para todo pensamiento positivo hay uno negativo. Para todo pensamiento placentero hay uno desagradable. Es nuestro mecanismo natural: subir y bajar, encerrarse y abrirse. Me han dicho que tengo suerte por poder expresarme, por poder escribir y sacar lo de dentro afuera, que tengo suerte porque escribo y puedo conocerme mejor, y también me han dicho que huyo escribiendo, que deje de escribir poesía que esa no es mi realidad (abrirse o cerrarse, en otro contexto, pero las mismas palabras). Como puedo escribir, cosa que no considero excepcional sino que es el trabajo de mucho tiempo (como el que saca un diez en un examen de medicina: trabajo duro y horas y horas), como puedo escribir digo que en estos momentos estoy cerrado. Me encierro en mi habitación, que es como encerrarse en una burbuja de cristal invisible a los demás, me encierro a hablar conmigo mismo, a seguir descubriéndome, a seguir en pie, solo, porque no puedo seguir en pie con el resto. Desconfío, le dije a María, y sigo desconfiando. Nadie pensará en ti, nadie se preocupará de tu ausencia, nadie perderá su tiempo de oro para ayudarte, y así me encierro. Me encierro y dentro de mi cuarto pienso: ¡te echaré tanto de menos!, ¿qué será de mi vida sin tu silencio? ¿Tengo yo realmente la culpa? Empieza una vida diferente, lejos del resto, uno de tantos lejos, una de tantas diferencias. En la complejidad de la mente, en los sesgos de las palabras, lo que he hecho no es más que desahogarme, pues ya que puedo hacerlo escribiendo, escribo…
Mamá, me diste y me has robado la vida. Perforaste mi memoria para que fuera como tú: olvidadiza, pasiva. Ataste mis brazos y mis manos durante tanto tiempo que no aprendí a abrazar, ni a tocar. Hoy mis labios permanecen sellados y vírgenes, pero he aprendido a escribir gracias a la soledad. Mis pies andan despacio, encarcelados, siguiendo tus pasos. Has hecho de mí una muñeca sin sentimientos, fría y sin vida. Y eres mi madre y te quiero por la vida que me has dado, pero has hecho de mi vida la más triste y larga poesía. Pero he encontrado mis respuestas y mi libertad, allí donde nadie buscaba, en el lugar oculto que reside al girar la mirada, en ese momento exacto. Y estoy contenta porque lo he encontrado y comparto mi felicidad contigo, para que mi hallazgo sea una de las pocas luces que has encontrado en tu vida, pero que al menos encuentres algunas y que sea tu propia hija la que te las enseñe…Tu hija pequeña

