Querido D. Äddye:
Descubrí sobrevolando mi cabeza un mosquito, insignificante a los ojos. Lo observé hasta cansarme. Acabé descubriendo que era el cerrojo débil de la caja de mi mundo interior, pues, cuando me picó en los labios, empezó a palpitar mi corazón, mis brazos abrazaron con amor, y me volví lo que soy: un loco. Su veneno. Su veneno, querido D. Äddye,? es una droga potente, cegadora, absorbente, liberadora. Me mantuvo días despierto, sin cansarme, atento, abierto, expectante, deseoso, loco. Cuando, después de convulsionar durante horas, mi cuerpo quedó exhausto, fue cuando me sobrevino la calma, el sosiego, la tranquilidad. La sensación posterior es una duermevela, con un suave olvido de mis actos. Pero, querido D. Äddye, no quiero olvidar, me mata olvidar mi apertura, me duele escuchar el golpe de la caja cerrarse, y sorprendo al mosquito volviendo a sobrevolar mi cabeza. ¿Estoy sintiendo bien, querido maestro?. Más tarde sobreviene un escepticismo, como un miedo, por las luces de mi mundo interior que se han desperdigado por fuera, por la oscuridad que creo que existe fuera. Y perder de vista las luces, perderlas sin saber dónde han llegado, me hace pensar, me hace encontrar más difíciles mis próximos pasos. ¿Hasta dónde llegan las luces, querido maestro? ¿Se pierden? ¿Se conservan?. He decidido hacer una cosa: procrearé mosquitos para recibir una pequeña dosis de veneno cada día con su picadura. Quiero dejar abierta una rendija pequeña de mi caja por siempre…Nos vemos pronto, un abrazo querido D.Äddye
Archivos
Categorías
Enlaces Personales
Acceso