El sol, en su recorrido cíclico, hacía parada en lo alto de nuestro hueco geográfico. Sufrían los árboles si no iba nadie a bañarlos, sufrían los cuerpos si no tenían agua, estallaban las rocas de las catedrales góticas por el calor. Nos movíamos en grupo, emigrábamos en grupo buscando la costa, el agua, el mar donde refrescarnos, excepto él. Él parecía ajeno a todo, incluso las gotas de sudor que caían por su rostro o que mojaban su camiseta, parecían ajenas a su sensación de agobio -estaba demasiado tranquilo-. Parecía ajeno, pero no irreal el ser, que, mientras yo abandonaba como último habitante el pueblo, él llegaba, como solitario fantasma, a pasar aquí unos días. El hombre venía solo; solo portaba una mochila por la cual asomaba el lomo de un libro. Quizás no llevara ni ropa consigo. Enfrentaba al calor, al mismo sol, mientras buscaba una fuente donde poder beber…?
Archivos
Categorías
Enlaces Personales
Acceso