Una Metáfora Del Infierno
De nuevo, después de perder todo el rumbo, de nuevo, tras haber rozado la locura, la máxima locura que he rozado hasta ahora, hasta preocuparme, hasta plantearme que necesitaba ayuda médica (¿nos ayudan?), de nuevo vuelvo a preguntarme por ti. ¿Qué significó toda aquella mierda indescriptible?. Vuelvo y vuelvo porque no tengo soluciones claras; miento, tengo soluciones claras, pero todavía quedan cosas que no sé, que nunca podremos saber. Y es que me jode tener cosas ocultas, incluso dentro de mí mismo. Y me sigo preguntando: ¿Por qué pienso en ti, si no eres más que mierda?. Eso dice mi cabeza: es mierda. Te hace daño, te ignora, te vuelve a ignorar, es una persona orgullosa, si tiene sentimientos hacia alguien no lo sabe ni ella, ¿la manipulan?…todo es un círculo vicioso sin respuesta, y me jode. Me lo he planteado casi todo para ir descartando posibilidades. Has sido hasta mi maestra. En el fondo es así, porque he aprendido muchísimo, y es lo que agradezco. Pero después arrastras un dolor enorme, que lo hecha todo por el suelo. Cómo se cumple aquella carta…qué dolor, qué recuerdos, que solo que estaba ante lo nuestro. Qué poco te preocupabas por mí, qué poco fui para ti o qué bien lo disimulabas. No sé por qué pongo tanto de mi parte, o por qué lo ponía. No suelo dar porque sí. Deben ser esas cosas del inconsciente, que te traicionan, que te niegan, que te suprimen, que te evidencian, que se te escapan…Ni tú ni ella supisteis explicaros: no tenéis el don de la palabra. Y qué suerte que tuvierais lo contrario. Mientras, la vida pasa para unos y se estanca para otros en el banco de un parque, en el frío de la calle a altas horas de la madrugada, en el abrazo de la locura de la incertidumbre. Nunca sabrás dar porque nunca supiste recibir, y para no cerrar la posibilidad de que, algún día, puedas aprender a recibir, desde mi boca se alza una crítica voraz, dolida, perdida, con rumbo pero sin destino, pero siempre humana, repensada, potente y despierta, que guarda detrás un gran amor escondido, pero demasiado pertrechado, ultrajado, agujereado para seguir despierto y altivo. Y la mayoría de cosas resultan acabar porque hay detrás una gran mentira tapada o bien una gran verdad solapada -depende de si soy yo o eres tú quien siente-; y la mentira resulta ser el mismo diablo. Pienso que no hay cielo ni infierno, no es más que una invención, un relato, un escrito, una metáfora. Y si existe algún infierno es morir habiendo sido engañado, sin saberlo o pensando lo contrario…