Pensatiempos – J. L. Andreu Berzosa » 2006 » Mayo
De guerras…dos años de guerras. ¿Cómo pueden durar los enfrentamientos tanto tiempo? Sin pausas, sin respiros, sin descanso. Allá lejos, dentro del dibujo de líneas rectas horizontales, veo una línea curva. Claro, es allí donde miro, y encima adivino que eres tú. Lo sé, porque lo sé. Porque sé de colores, de formas, de maneras de caminar, de horas y tiempos, de viajes, huidas y pensamientos. Sé de eso y por eso sé que la línea curva eres tú. Sé porque veo cada una de las líneas, porque sé a quién corresponde cada línea recta y, además, resaltas de entre ellas. Y sé porque siento…Y en cada momento que escribo sigo buscando el mejor significado y siempre encuentro uno mejor que el anterior, pero nunca el perfecto. ¿Cómo puede destrozarme el absurdo de tu huida, de tus pasos, de tu nada, de tu espalda la guerra mía profunda de trabajo, de día a día? El corazón no entiende de razones; a la razón le cuesta entender de sentimientos, ¡y están tan juntos pero tan separados! Tú te vas y yo siempre me quedo, tan perdido, tan maltrecho, tan loco con mis sueños, tan solo y tan lleno al mismo tiempo. Y sigo buscando el significado, la respuesta por mi mismo, pues tú eres una de mis preguntas: ¿por qué tanto odio, tanta ausencia, tanto rencor y silencio, por qué tantas preguntas de una misma siendo tan nada, tan pobre, tan fría la pregunta? ¿Por qué seguir pensando y buscando y llorando para seguir perdiendo por dentro? ¿Por qué tanta guerra injusta, tan cruel, tan absurda? ¿Por qué congelar el tiempo cuando sé que está corriendo? ¿Por qué una huída causó este lamento sin ser además la mía?
Hay días en los que me sorprendo consultando a mi propia poesía para saber cuáles deben ser los próximos pasos que debo dar, cómo los debo dar, la velocidad con la que debo actuar. Mi propia poesía convertida en mi dios, mi todo, mi guía. Hay días en los que me sorprendo repitiéndome lo que ya he aprendido, y quizás sea una pérdida de tiempo. Y creo, después de contemplar trozos de sueños, uno tras otro, que, en cada sueño me estoy repitiendo lo que aprendí desde pequeño. Me repito esa cadena cada vez más larga de aprendizaje para comprobar, de nuevo, que no falta ningún eslabón. Es complejo esto que digo, pero lo digo con tanto cariño, con tanto empeño, que me da igual repetirlo y cuanto menos decirlo. Pienso en el silencio de la gente: ¡No te conocerán por tu silencio!, decía García Márquez, y me lo repito, y me expreso y perfilo mis palabras como me dijo mi teta María. Hay días en los que pienso que las palabras están faltas de significados y que cuando digo “Lucha” cada uno se imagina una pelea diferente, pero ¡hay tantas luchas y peleas!. No importa eso porque el ser humano, su grandeza, su mente, no sabe de palabras, sabe de Esencias, de cosas puras, de sentimientos, de realidades…y así no será lo mismo que yo diga “mi lucha”, que lo digas tú, o él, o ella, u otra persona, y en todos los casos sabremos de qué tipo de lucha se trata. A mí me sorprenden cada día las luchas de muchas personas…
Al campo yermo, natural y eterno, metáfora de tu cuerpo, salí a pasear con miedo. Entre mis manos llevé la jaula con la mariposa blanca de mi amor. Llegué al campo y tras el primer paso solté la mariposa al viento diciéndole al oído esto siento: ¡grande, atento! Tras la mariposa, en vuelo, un haz de sombra desde el sol hasta mi ojo derecho. ¡No veo el sol! ¡No lo veo! Pero mariposa: ¡sigue alto tu vuelo! Hay veces que creemos en visiones y estamos ciegos, pero creemos. ¡Qué eso es el hombre!…No tardé en sentirme enfermo, ¿por qué ataca el daño a cuerpos tan pequeños? ¡Es una simple mariposa! Retorcíase en el suelo y con ella yo y mi sueño, mi sueño, mi esperanza, mi fuego. La tomé entre mis manos, las que la soltaron, las que prendieron sus alas con el fuego del lamento. ¡Perdóname mariposa por ser tan feroz y tan incrédulo! Escupí frías mis faltas con la saliva de mi boca sobre sus alas prendidas y aspiré el humo denso que desde ellas ascendía. Fue la droga del amor, la esperanza de un ser simple, la presencia de la muerte frente al olor vivo de la sangre, fue todo eso y más quienes pusieron mis labios junto al cuerpo de la mariposa, y soplé así mi alma dentro de su cuerpo para olvidarme de la razón y del tiempo y alzar, para siempre, el vuelo. Hoy sé quién soy: soy poesía, soy sueño, soy hombre, soy mariposa que viaja sin cuerpo?
Nunca he visto nada más triste que unos ojos hundidos, sin ilusión, sin brillo, mostrando la locura causada por la falta de amor. Y podrá haber cosas más tristes pero todavía no he visto nada peor. Y debajo de aquellos ojos unos labios que piden por sí solos ser besados, pero la cabeza de quien los porta no comparte dicha idea: no quiero amor, no quiero guerras. El problema está allí dentro, en la cabeza, pero también está ahí fuera: en miles de palabras y enseñanzas erradas, negativas, vacías, sin amor, sin dueño, sin duelo, sin pasión, con humildad pero sin sentido ni potencia. No tiene maestro ni ídolo la persona que porta estos ojos tan de otro mundo de marcianos, de vegetales de color negro pútrido. Y esa sonrisa que no llega a ningún sitio, desde esos labios tan fríos, tan de hielo, esa sonrisa que se cae al suelo, que no asciende, que no se entiende, que se ríe de todo pero de nada. ¡Qué triste me siento, estando tan lleno, pudiendo cambiar y no poder hacerlo! ¡Qué triste persona! ¡Qué lamento hecho humano! ¡Qué humano tan muerto!?
Una harmónica me dice:
¡Creo en ti, puedes lograrlo,
sigue en pie, sigue intentándolo!
Unas chanclas me dicen:
¡Marca tus pasos,
vuelve la mirada atrás,
recuerda tus huellas
y sigue caminando!
No encontrarme solo
me hace amar más
al perdedor que llevo dentro,
me hace amarte más, si puedo,
a seguir perdiendo para el resto
sabiendo, entre nosotros,
que hemos ganado…

