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Entrevista a Enrique Rojas

? ? ? No me gusta copiar lo que otros dicen o pintan o escriben, pero no puedo hacer otra cosa que publicar en Pensatiempos una entrevista en la Razón de Mar Velasco al doctor en Psiquiatría Enrique Rojas. La copio íntegra porque no tiene desperdicio alguno. Disfrutad de la lectura, poesía narrada:
Vivimos en una Sociedad psicológicamente enferma, que fomenta lo que luego condena”.El psiquiatra Enrique Rojas explica a la Razón las claves de sus nuevo libro, Los Lenguajes del deseo. //Asegura Enrique Rojas que nuestra sociedad sabe poco de amor y demasiado de tecnología; que se busca el placer sin alegría y el bienestar sin felicidad. Que vivimos en una sociedad sin referencias, psicológicamente enferma, y que también tenemos enfermos los deseos que la publicidad manipula a su antojo. En “Los lenguajes del deseo”, su último libro, publicado por Temas de Hoy, Enrique Rojas desmenuza, ordena y reconstruye el complejo mundo de los deseos humanos, a la vez que invita a una reflexión sosegada y aboga por el regreso de los valores fundamentales.//. A Enrique Rojas le gusta decir que su profesión consiste en bajar a los sótanos de la personalidad, aunque esta vez ha decidido profundizar algo más y explorar los recovecos del deseo. Al parecer, dice, el deseo sabe latín. “El deseo habla distintos idiomas, que son el físico, el psicológico, el social y el cultural. Es un motor de la conducta que vive como un anhelo, como un tirón, que busca el placer, la posesión o el conocimiento. El deseo es como un edificio de dos pisos: abajo está el estímulo, arriba el placer, y la imaginación es la escalera que los une. El placer es alcanzar alguno de esos “paraísos”“, afirma. Ilustra el deseo comparándolo a una selva espesa en la que avanza, abriéndose paso entre masas de pensamientos y de tirones pasionales. “Muchos deseos son juguetes del momento, pero el deseo se educa”, sostiene. // “Toda la tesis del libro se podría resumir en dos líneas: la felicidad consiste en la administración inteligente del deseo. Es un estado de ánimo positivo: estar contento con uno mismo al comprobar que hay un equilibrio entre lo que se ha deseado y lo que se ha conseguido. La educación del deseo consiste en aprender a posponer el deseo inmediato si no es positivo para la mejora de la personalidad”, sostiene. Asegura también que nuestros deseos son fáciles de manipular, y que hay que saber contenerse para no caer en el desencanto: “Hay un modo de manipulación consustancial a la sociedad moderna, que es la publicidad. Crea deseos y fomenta cosas que no nos habíamos planteado, y lleva a la compra excesiva de cosas y a la sustitución de unos objetos por otros cada vez mejores”, lamenta. //Explica Enrique Rojas que también existen deseos que crean adicción y que han aflorado con mucha fuerza en los últimos tiempos. Uno de ellos es el síndrome de amaro: “El amaro es una planta con forma de corazón que huele muy mal y cura ciertas afecciones de la piel. Para mí es la metáfora de la pasión por la vida sentimental de los famosos, siempre que esté rota. Hay morbo, hay ojo de la cerradura, divertimento, patio de la vecindad, compensación de las propias carencias, un circo romano sin sangre donde es descuartizada la vida ajena. Vivimos en una sociedad enferma, que fomenta lo que luego condena. Personajes con fama -que no con prestigio- que llegan a constituir una segunda familia. Es el neorromanticismo, el triunfo del amor fragmentado que salta por los aires”, afirma. “El hombre de occidente, fingiendo amor, lo que busca es sexo, y la mujer, fingiendo sexo, lo que busca es amor. Se le puede llamar amor al sexo, también Fidel Castro dice que en Cuba hay democracia. Pero sólo en la relación sexual con amor auténtico vibran las cuatro cuerdas fundamentales de la condición humana: lo físico, lo psicológico, lo espiritual y lo biográfico”, afirma. // Amor de Dios. Asegura el doctor Rojas que la frustración y el sufrimiento son necesarios para la modelación de la personalidad: “El sufrimiento es la vía regia de la maduración, siempre que sea asumido y aceptado de una forma positiva. El hombre es una animal descontento. Lo que llena todos los deseos es la trascendencia, o el amor, y el mundo sabe poco de amor. Sabe de sexo, pero de amor sabe muy poco”. Y concluye: “Si Dios es personal, cambia por dentro. Si no, es un baño de oro del que luego no queda nada, porque vivimos en un mundo neopagano. Una persona con fe debe ser alguien capaz de transformar una conducta inyectándola de amor. Aunque existe también un amor agnóstico muy sano, un amor que no llega a ser trascendente, pero con mucho valor humano”.
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