Pensatiempos – J. L. Andreu Berzosa » 2006 » Enero
Nunca nadie entenderá que existen peleas, conflictos, batallas en el aire. Como quien construye castillos en el aire también? se producen guerras en el aire. Y nadie las ve pero todos las sienten, como las heridas abiertas, producidas en esta guerra, que nadie las ve, pero se sienten. Construir futuros en el aire es otro modo de construir futuros; luego están los terrenos firmes para construirlos. Es más fácil crear en terreno firme y Visible que en un pensamiento o en el aire, dígase como se prefiera. Nunca nadie sabrá que es la misma realidad terreno firme y aire, pero con distinta óptica. Nunca nadie sabrá que compite, que lucha, que sufre en una guerra que no? ve pero que siente. Es más fácil cerrar los ojos, jugar al risk, jugar al rol o no pensar que el hombre es más que un cuerpo físico, que jugar a conocerse. Triste, real, triste. Sigo evitando los golpes, continúo cerrando las heridas, progreso cada día atrincherando y amurallando más mi fortaleza. Los que viajan a mi lado saben que la puerta de atrás está abierta…José Luis Andreu Berzosa
Descubrí, muy a mi pesar, una nueva sensación que he puesto como nombre “Odio”. No la he podido comparar con ninguna otra sensación, tras haberla comparado a otros cientos de sensaciones que he clasificado. El odio es una presión en el vientre nauseabunda, desesperante, asfixiante. Puede haber odio hacia objetos, pero no es tan fuerte como el odio a las personas. Después de haberlo sentido espero que el tiempo me quite esta sensación de encima, si no tendré que hacer alguna locura. El odio te estrangula por dentro, es horrendo. Te escuecen los ojos. El odio te impide ver las cosas con lucidez. Cuando hay odio no hay amor, ni felicidad. Se repiten los episodios de dolor, cada vez más frecuentes. El odio te vuelve taciturno, te aparta de la gente, te devora por dentro. El odio es una enfermedad cuya curación está por descubrir; pero, me atrevo a decir, que la curación debe de ser muy compleja. El odio te pervierte, te hace engañarte a ti mismo, te aleja de la realidad. Si siente dolor de estómago, nervios, si vomita, si tiene malos encuentros con la gente, si se siente apático, si sufre largos períodos de sueño, si miente, piense que puede haber contraído la enfermedad. Descanse y deje que el tiempo y las buenas obras y personas le devuelvan su normalidad. ?
29 de enero de 2006…He perdido la esperanza. Ya no me puedo quejar porque no hay nadie con quien hacerlo, ni tiene sentido quejarse porque no me falta de nada. ¡Y estoy harto!. Harto de hacer y de estudiar y no conseguir nada, harto de no evolucionar y quedarme parado. Estoy harto de la medicina que me roba el tiempo y no me hace ganar nada . No veo nada claro. Y estoy más solo que dios, que nadie sabe quién es, ni cómo es, ni lo que quiere, ni si existe o no. Estoy harto de fracasar, de llegar siempre el último, de pensar para nada, de sufrir por quien me odia, de no conseguir nada. Que da igual que me queje o que me suicide porque mañana será otro puto día…
Quisiera olvidarme de los dolores que la vida me ha dado, que nunca serán tan graves como los del resto, dolores que por serlo se gravan en mi mente a cincel, inamovibles, fijos. Quisiera olvidarme de ellos para tenerte en la mente y en todas partes de mi cuerpo por completo, sin dolor alguno, sin más pensamientos que tú sola. Siento que me sobran espacios ocupados para poder meterte a ti, para que rebosen de ti. Me siento culpable por ello pero no puedo luchar contra esta potencia desconocida del recuerdo y del pensamiento. Quisiera darte el cielo que no tengo o al menos lo poco bueno de mí. Creo que en esta vida que todo corre demasiado deprisa, darte un poco es darte mucho, pero si pudiera darte mucho preferiría dártelo todo. Hoy te doy un escrito, que es poco, pero es todo lo más que darte puedo en la distancia, en el desconocimiento…José Luis Andreu Berzosa
Entre tinieblas,
para no ver lo que hay que ver…
Veo una cárcel y a ti dentro
y a mí fuera suplicándole al carcelero.
Después de matarle muerdo
el herrumbroso acero de los barrotes
con los dientes, lo araño con las uñas,
lo estiro con los dorsos de mis pies desnudos.
¡Mira cómo sangro! ¡Parezco un cristo!
Podríamos zurcir collares de huesos
con los huesos míos que quedan al descubierto
para que cuelguen de los cuellos de aquellos
que algún día quisieron verme muerto.
Delante de tu cárcel me quedo,
libre pero preso, ciego y somnoliento.
¿Quién vendrá a curarme las heridas
si estoy más muerto que vivo,
más loco que un loco fuera de su sitio?
José Luis Andreu Berzosa

